sábado 26 de noviembre de 2022

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CARA Y CRUZ

52%: el tamaño del fracaso

El 52% de los estudiantes catamarqueños no participa de las clases virtuales que se...

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Por Redacción El Ancasti

El 52% de los estudiantes catamarqueños no participa de las clases virtuales que se implementaron este año a raíz de la cuarentena por el coronavirus, se sinceró la directora de Nivel Secundario, Patricia Álvarez. 
Dado el carácter mayormente decorativo adquirido por el Ministerio de Educación bajo el comando de Francisco Gordillo, es para celebrar que al menos sirva para aquilatar la dimensión de su propio fracaso.
Álvarez informó que las causas de tamaña deserción están analizándose departamento por departamento, pero especuló con algunas como la falta de conectividad o las familias numerosas que priorizaron la cuestión económica. También advirtió que hubo docentes que “desaparecieron del sistema”, porque no se conectaron con los alumnos. 


La capacidad de la funcionaria para encontrarle el costado positivo a asunto tan inquietante es inspiradora. 
“En una primera instancia no teníamos cómo recuperar a los docentes, y los equipos de gestión trabajaron para volver a instaurar el orden porque entendemos que los docentes tienen realidades al igual que el alumno. Pero destacamos el ingenio de algunos que llegaron a todos sus alumnos. Es un grupo menor pero no deja de impactar en ese grupo de alumnos”, se consoló. 
Prudente, se abstuvo de profundizar en las eventuales responsabilidades que podrían caberle a la cartera que integra por el derrumbe. Gordillo ha demostrado ser ligero para desprenderse de colaboradores inconvenientes.
"Estamos a tiempo de tomar a aquellos alumnos que por algún motivo se han caído o están a punto de caerse del sistema. Sabemos que la conectividad es una de las principales dificultades y por eso insistimos en que cada institución haga un acercamiento particular a estos alumnos para ver cuál es la mejor estrategia para poderlos recuperar. Desde el Estado están dadas las garantías para hacerlo con la promoción acompañada”, prometió. 
Difícil querer sin presentir, diría Discépolo, si la cartera educativa no pudo garantizar las clases virtuales ni que los docentes las dieran. 


Aparte, era obvio de movida que las limitaciones de conectividad conspirarían contra el método, independientemente de que maestros y profesores no están formados para dictarlas.
El Ministerio de Educación de la Nación había manifestado ya en julio su preocupación porque más de la mitad de los estudiantes argentinos carece de computadora para uso educativo y casi cinco de cada diez no cuentan con señal de internet de calidad, según los resultados de la Evaluación Nacional de Continuidad Pedagógica a hogares, directivos y docentes por Covid-19. 
Mientras el desplome se materializaba, el Ministerio de Educación pasó al frente con el festival de las designaciones truchas que profundizó su insignificancia institucional. El Gobierno le quitó a la cartera la facultad para designar personal y trasvasó la educación superior a Ciencia y Tecnología. Gordillo continúa abulonado a la poltrona por mera formalidad protocolar. Un ejemplo de pertinacia.


La elevada deserción virtual marca también lo demagógico de una de las pocas gestiones que Gordillo exhibe, enfáticamente, como exitosa, que es la repartija de netbooks. Si la conectividad es deficiente, no se entiende qué gollete tiene la distribución de los aparatos en el marco de las políticas educativas; mejor sería destinar más recursos a asegurarles señal a los estudiantes. 
Tal misión ha sido delegada en el Ministerio de Planificación y Modernización, que reactivó las gestiones para que la Nación cumpla con los compromisos de inversión asumidos ante el Gobierno anterior. Lógico: no le iban a encargar los trámites a la cartera de Gordillo, que le metió a la educación virtual sin considerar un problema elemental de logística.n

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