sábado 26 de noviembre de 2022

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CARA Y CRUZ

Manipulaciones

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Por Redacción El Ancasti

Cuando todavía era el Capitán Beto, el presidente Alberto Fernández dijo: “Prefiero tener el 10% más de pobres y no 100 mil muertos en la Argentina”. 

Rumbo a los siete meses de cuarentena, la pobreza trepó más arriba del 40%, los muertos por coronavirus superaron la barrera de los 20 mil y la Argentina asciende en el ranking de países más afectados por la peste. 

La sombra del fracaso se proyecta sobre la administración de la crisis sanitaria, que había comenzado tan promisoria, mientras el colapso económico se recorta en el horizonte cada vez con mayor nitidez. 

Las metas que el propio Fernández estableció al abrir la cuarentena no se han cumplido. 

Se trataba, razonó, de contener la disparada para adecuar el sistema de salud a la demanda acelerada de la nueva patología y de que la sociedad internalice comportamientos preventivos para reducir los contagios. 

Fernández planteaba la opción entre muertos y pobreza en ese marco. El abordaje de la crisis económica, traducida en pobreza en expansión, se difería hasta estabilizar el frente sanitario, para lo cual el mecanismo idóneo era el confinamiento estricto. 


Pero el frente sanitario no se estabilizó, sino todo lo contrario, y el desplome económico y social siguió su rumbo. El Presidente tiene que matizar sus reflexiones sobre la pobreza y la muerte, con restricciones a la compra de dólares y ruegos para que la gente no se vaya de un país “por construir”.

En tan incierto contexto se inscribe la manipulación estadística del Gobierno de la provincia de Buenos Aires que encabeza Axel Kicillof. 

Más de 3.000 muertos por COVID-19 ocultos hasta que se destaparon. Fue la irrupción de esos decesos lo que hizo atravesar la barrera de los 20 mil a nivel nacional; una barrera simbólica desde el punto de vista político.


El brinco estadístico, deliberado o no, erosionó sin remedio la imagen de seriedad científica que la Casa Rosada cultivaba con esmero.

¿Qué tipo de disposiciones pueden asumirse en función de datos falsos o distorsionados? Si de construir un país se trata, como postula Fernández, poco puede esperarse de cimientos basados en cálculos falsos o erróneos.

El Estado se muestra incompetente. 

No ha podido mantener plana la curva de contagios y decesos, tampoco se atreve a dar por concluida la cuarentena porque siete meses no la bastaron para poner al sistema sanitario a la altura de una eventual estampida. 

Para asistir a la pobreza y la pauperización tuvo que recurrir a las organizaciones sociales, en el marco de una disputa clientelar con epicentro en Buenos Aires.

En la deriva hacia el año electoral, la intención de preservar a Kicillof se hace cada vez más ostensible. 

La provincia de Buenos Aires es la vidriera de gestión del kirchnerismo, que se ha apoderado de la gestión y la condiciona con una agenda divorciada de las preocupaciones principales de la sociedad, que pasan por un derrumbe que presume inminente.


La manipulación de las muertes por coronavirus en el feudo k expuso esa distorsión de prioridades, adicional a la ineptitud, en tanto que la autoridad de Fernández se diluye como mero instrumento de la estrategia de Cristina Fernández, que impone sus criterios.

Hay un problema de expectativa grave, que la deficiencia para establecer la profundidad real del impacto de la peste agrava. 
Las necesidades electorales comienzan a marcar el ritmo de los acontecimientos.

La experiencia del INDEC kirchnerista es demasiado cercana como para olvidar el uso que se le dio al organismo para abonar el relato.

El caso de los muertos ocultos se lee a la luz de esos antecedentes: si el desborde de la peste no puede evitarse en la principal base territorial k, no sería extraño el intento de maquillarlo con cifras fraguadas.n

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