viernes 18 de noviembre de 2022

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EDITORIAL

Saber qué comemos

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Por Redacción El Ancasti

Dos derechos conectados, el de comer saludablemente y el de saber qué comemos, son el sustento de un interesante proyecto de ley que tratará en los próximos días el Senado de la Nación y que, en principio, cuenta con apoyo mayoritario. Todo indica que la iniciativa será aprobada, aunque habrá que estar atentos al lobby de algunas empresas.
El proyecto en cuestión propone el rotulado frontal de envases de alimentos que tengan excesos de azúcares, sodio, calorías, grasas saturadas, grasas totales, cafeína o edulcorantes según parámetros fijados por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) o por las autoridades sanitarias locales.

La figura con el que se rotulará los envases será la de un octógono negro con borde y letras de color blanco en mayúsculas que alerten cuando el contenido supera los valores establecidos.
Existen antecedentes de regulaciones similares en otros países, en donde la industria alimenticia ha logrado reconvertirse exitosamente. 

Para entender mejor el sentido de la propuesta es preciso señalar que la Argentina es el país con el consumo per cápita de bebidas azucaradas más alto del mundo. Otras estadísticas fortalecen el argumento: según la Cuarta Edición de la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (realizada en 2018 y presentada en 2019), la prevalencia de exceso de peso (sobrepeso + obesidad), fue de 61,6%. La anterior, realizada en 2005 arrojaba un resultado inferior: 57,9%. Es decir que 6 de cada 10 personas presentan en Argentina sobrepeso y obesidad. Por otro lado, un estudio del Ministerio de Salud y Desarrollo Social realizado a población de bajos ingresos reveló que el 29,3 % de niños y niñas entre 2 y 5 años son obesos o tienen sobrepeso.

La Encuesta Nacional de Nutrición y Salud del año pasado determinó que menos del 30 % de los consumidores lee la tabla de composición nutricional que se encuentra en  las etiquetas de los envases. La etiqueta de mayor tamaño contribuirá a que se alerte sobre ciertas características no saludables de algunos productos. 

Iniciativas similares se han debatido o se están por debatir en jurisdicciones provinciales o municipales. Por ejemplo, en la Legislatura porteña se presentó un proyecto que se titula “Etiquetado frontal de alerta en alimentos procesados, ultraprocesados y modificados genéticamente, y normativa de publicidad.

Todas estas iniciativas procuran disminuir los niveles de ingesta de bebidas y alimentos con alto grado de procesamiento, que, lo corroboran especialistas, generan en el largo plazo efectos perniciosos para la salud. Sin embargo, la industria azucarera y algunas empresas vinculadas a la producción de este tipo de productos están ejerciendo presiones para que las normas, sobre todo la de alcance nacional, no se aprueben.

Por cierto, todos los actores que están vinculados a esta temática deben tener voz y expresar sus argumentos, pero es deseable que las conclusiones a las que se lleguen sean favorables al cuidado general de la salud pública.

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