EDITORIAL

Escasas y pequeñas certezas

domingo, 18 de octubre de 2020 · 01:10

La pandemia de Covid-19 ha sumido al planeta todo en un mar de incertidumbre respecto de cómo enfrentar con eficacia esta enfermedad que irrumpió en el mundo hace menos de un año y ya tiene casi 40 millones de contagios acreditados "muchos más, según los expertos, que nunca fueron registrados debidamente-, y más de un millón de muertos. 

De los intensos debates acerca de cuáles son los modelos más adecuados para asumir el desafío de combatir la pandemia pueden extraerse a esta altura algunas breves conclusiones, certezas pequeñas, pero consistentes que pueden ser utilizadas como herramientas para mejorar las estrategias preventivas, mientras llega algún tratamiento más eficaz que los existentes hasta el momento o las vacunas que pueden frenar la propagación del virus. 

Que no sirven ni los confinamientos eternos, ni las tácticas de imponer mínimas restricciones para lograr en el menor tiempo posible la "inmunidad de rebaño" es una de esas certezas. Se trata de dos posiciones extremas que, en el largo plazo, no auguran buenos resultados.

El caso argentino es paradigmático de un confinamiento extremo, que sirvió durante los primeros meses para aplanar la curva y evitar el colapso de los sistemas de salud locales, pero que ya no puede sostenerse demasiado. Y se ha ido flexibilizando de hecho, por el cansancio lógico de la gente y por las decisiones en ese sentido que han adoptado las autoridades nacionales y de cada jurisdicción, liberando algunas actividades.

En el otro extremo se encuentra la estrategia de la inmunidad de rebaño, que propicia mínimas restricciones, confiando en que los contagios masivos terminarán evitando la propagación del virus. Como respuesta a esta teoría, un grupo de 80 científicos de reconocida trayectoria internacional ha alertado a través de un documento publicado por la revista científica The Lancet que se trata de "una falacia peligrosa sin evidencia científica".

Para los expertos firmantes del escrito, la ausencia de medidas de control "aumentaría la mortalidad en toda la población, afectaría a la economía de forma irreversible, prolongaría la epidemia y colapsaría todos los sistemas sanitarios". La jefa científica de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Soumya Swaminathan, añade un cálculo que estremece: el uno por ciento de la población del mundo (casi 80 millones de personas) moriría si se generalizara la aplicación de esta estrategia que procura la inmunidad natural de rebaño.

La experiencia indica que deben aplicarse medidas restrictivas en momentos y zonas donde el virus alcanza altos niveles de propagación, y liberar actividades y flexibilizar todo lo que se pueda cuando la circulación de la enfermedad disminuya. Un delicado equilibrio que demanda abandonar fundamentalismos y optar por decisiones basadas en las pocas evidencias científicas con las que se cuenta. Las escasas y pequeñas certezas recolectadas en estos meses de angustia permanente.

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