El mirador político

El paroxismo de la crisis

domingo, 18 de octubre de 2020 · 01:15

El conflicto por el traslado de los Institutos de Educación Superior del Ministerio de Educación al de Ciencia e Innovación Tecnológica se ajusta a un formato que a esta altura puede considerarse típico de la administración Jalil: detonación sorpresiva de las controversias, evaluación de las reacciones e inicio de tratativas y gestiones para tratar de controlarlas y encauzarlas. 

Es el mismo procedimiento que el Gobierno aplicó en todas las reformas acometidas en los diez meses que lleva en ejercicio, desde la adaptación del organigrama burocrático a los todavía pendientes cambios en el régimen laboral de la administración pública. 

La intervención en la Justicia es un ejemplo. Amplió el número de miembros de la Corte de cinco a siete y derogó el Consejo de la Magistratura en trámite parlamentario expeditivo. A las críticas por la heterodoxia institucional de la maniobra, respondió con la conformación de una Comisión Evaluadora para reemplazar al Consejo derogado, avalada e integrada por la UNCA y ya en funcionamiento. La oposición trasladó la polémica al terreno judicial, donde se desarrolla en sordina.

Del mismo modo se plantea la expropiación de tierras improductivas y la reforma del régimen minero, aún en trámite.
Lo de los IES tiene otros bemoles. Se inscribe en el problema mayor de la impotencia para revertir el desplome educativo provincial, que engulló en tiempo récord a Francisco Gordillo como ministro de Educación. 

Ajustándose al diseño habitual, Jalil gatilló el traspaso del nivel a Ciencia e Innovación Tecnológica y, tras unas nutridas manifestaciones de docentes y alumnos contra de la medida en toda la provincia, habilitó las paritarias que venía reclamando la Intersindical docente al comando, por lo menos hasta que asuma el nuevo ministro de Educación, del ministro de Gobierno Jorge Moreno. 

Esto es: al incremento de la tensión con los actores del nivel educativo terciario, el Gobierno replicó distendiendo la relación con los gremios, concediéndoles la paritaria luego de la renuncia de Gordillo, cuya cabeza reclamaban. 

El escenario recién comienza a configurarse. La situación de los IES se incorporó a la agenda de la paritaria con la Intersindical. Tiene ya, por lo tanto, un ámbito para discutirse.

Fracaso

El Gobierno fracasó en el intento de reformar el Estatuto Docente por deserción de la Intersindical, que condicionó su participación a un incremento salarial previo. 

El deterioro político de Gordillo se aceleró desde entonces. Dejó la cartera para retornar a la Intendencia de Pomán con un párrafo que resumió su insignificancia en el final al mismo tiempo que descargó toda la responsabilidad por la reforma de la educación superior en Jalil: "Cómo será el traspaso de los IES, no tengo ni la menor idea porque eso no depende del Ministerio de Educación.

En eso está trabajando el Ministerio de Ciencia e Innovación Tecnológica en forma particular. Las reuniones con los rectores y demás las va a tener otro ministerio y no el de Educación".

Adornó su retirada un fuerte pronunciamiento del PJ de Pomán, con recriminaciones no tan elípticas a Jalil y a la exgobernadora Lucía Corpacci, presidente del PJ provincial.

Gordillo abandona la cancha cuando la crisis de la educación alcanza su paroxismo. 

Tal paroxismo, forzado, busca cortar con una inercia de décadas, en que la cuestión educativa se mantuvo encorsetada exclusivamente en lo salarial. 

Al precipitar el debate por los IES, el Gobierno reabre una discusión clausurada antes de empezar con el intento de reforma del Estatuto Docente. 

Sobre lo que implica el traspaso de los IES a Ciencia y Tecnología solo hay por el momento especulaciones. El Gobierno dice que pretende vincular la educación superior con el mundo laboral. En la vereda contraria suponen que tal intención conlleva la desaparición de las carreras humanísticas y un ajuste. 

Se verá qué alumbra de la dinámica disparada por el traspaso. 

Podrían incluso surgir nuevos rediseños del organigrama ministerial, pero en cualquier caso el proceso tiene la virtud del sinceramiento brutal.

Colapso
Lo que el Gobierno ha conseguido es plantear con crudeza el colapso de un sistema elefantiásico, plagado de inequidades y privilegios y desmesurado en sus costos, cuya contrapartida son unos niveles de calidad educativa en caída libre, estancados en las mejores ocasiones, desde hace lustros.

La educación superior gradúa profesores a granel, con indefectible destino de desempleo: más de 7.000 se agolpan en la Junta de Clasificaciones para entrar en una grilla saturada de suplentes, suplentes de suplentes y adscriptos. Hay hasta cinco personas por cargo docente.

Saturación y sobreoferta, obvio, obstaculizan mejoras salariales sustantivas en el sector, que retrocede de tal modo en su jerarquía. De todos modos, la docencia se lleva la mitad de los salarios de la administración pública.

Estas inconsistencias son el problema principal de la educación catamarqueña, y los sindicatos se han negado a abordarlo sistemáticamente porque entienden cualquier amague de cambio como una amenaza a sus canonjías y a las de sus clientelas.
El proyecto de los IES mete el cuchillo en un “statu quo” que es el de la educación toda y ya no puede sostenerse sin condenar a la intemperie intelectual a gran parte de las futuras generaciones. 

Es tan cierto que el Gobierno no lo consensuó antes con los involucrados como que los involucrados boicotearon siempre cualquier posibilidad de consensuar un cambio de fondo en la educación. El consenso previo que ahora se reclama ha sido imposible de alcanzar, en anteriores gestiones y en ésta misma, debido a la actitud de los que recriminan la deficiencia. Lo ocurrido con el intento de reformar el Estatuto del Docente es la demostración cabal de tal secuencia.

Con los naipes sobre la mesa, el Gobierno enfrenta el desafío de legitimar su propuesta dentro de la corporación educativa. Lo que le falta es identificar dentro de esa corporación aliados que contribuyan a mejorar el proyecto y enriquecerlo. 

Para eso, teóricamente, sirve el diálogo. 
 

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