CARA Y CRUZ

De la producción al country

Las deficiencias en los sistemas de riego que los colonos capayanenses...
sábado, 17 de octubre de 2020 · 02:10

Las deficiencias en los sistemas de riego que los colonos capayanenses visibilizaron con una movilización, el jueves, forman parte de una serie de obstáculos al desarrollo productivo de la provincia entre los que se destaca la malversación de regímenes promocionales como el de los diferimientos impositivos o la ley de Colonias. Estos mecanismos tendientes a estimular la actividad productiva requirieron fuertes erogaciones del Estado, sea a través de la resignación de recursos fiscales o de inversiones directas, de modo que su utilización para objetivos distintos a los establecidos raya el fraude. 
En tal contexto, está en trámite en la Legislatura un proyecto de ley girado por el Gobierno que busca, por la vía de las expropiaciones, recuperar  tierras que, al amparo de estos regímenes encaminados a alentar la producción, fueron destinadas por sus poseedores a fines diferentes, en general de esparcimiento. El Estado pretende confeccionar un nuevo catastro de las áreas productivas de la provincia, instrumento indispensable para comenzar a ampliarla a través del diseño de políticas específicas.

Esto implica poner con las barbas en remojo a los poseedores de parcelas y campos que no están produciendo porque las usan para el despliegue de aficiones sobre las que nada cabría decir si no fuera porque se financian con recursos públicos. 
Junto a los productores que se desloman, invierten, arriesgan en situaciones muy desfavorables, están los que aprovechan la inversión estatal –en infraestructura de riego y energía, caminos, asfalto, desmontes, por ejemplo- para mantener canchas de polo o de fútbol, abaratar costos de la pasión ecuestre o mantener un refugio de fin de semana. 
Los recursos públicos, finalmente, sirvieron y sirven en tales casos para que algunos águilas convirtieran tierras destinadas a la producción en ínsulas de coquetos “countrys” a precio módico, maniobra que desplegaron sin tantos escrúpulos legalistas como los que empiezan a interponer ahora que les podrían pedir explicaciones.


Dada la extensa agonía de la producción local, enmarcada en la crisis general de las economías regionales, si se permitiera que tal dinámica continuara desplegándose, no sería extraño que por ejemplo las colonias terminaran transformadas totalmente.
El fenómeno es ostensible y el Estado ha tomado la decisión política de ponerle freno. Que toda acción tiene su reacción es norma, pero hay reacciones legítimas y otras que no lo son. En este caso, quienes desvirtuaron las metas de los regímenes promocionales y las sacrificaron al disfrute de sus hobbies y berretines maniobran para dispararle a la ley en ciernes mezclando sus lúdicos intereses con los de productores que se debaten en la cornisa del derrumbe.
Discriminar los tantos es central y sería de gran ayuda para el éxito de la política que intenta ponerse en marcha que los productores se comprometieran en ella.
 Tal compromiso sería incluso un acto de defensa propia en muchos aspectos. Por caso, podría destinarse a obtener tomates más rotundos, o lechones y vacas más contundentes, el agua que más de uno destina a darle esplendor verde a sus canchas de polo, o a perfeccionarle las ancas a sus caballos peruanos.


Por supuesto, todo el mundo tiene derecho a desenchufarse del estrés diario como mejor le parezca. El deporte, las mascotas y las reuniones familiares y sociales son de lo más psicológicamente saludables en este sentido, siempre y cuando se financien con el bolsillo propio y sin perjudicar el del prójimo.
La actividad agropecuaria y la agroindustria son potenciales que Catamarca está en condiciones de desarrollar. 
Muchas cosas podrán ser cuestionables del Gobierno, pero el margen para objetar el impulso de recuperar tierras para la producción es prácticamente nulo. n
 

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