sábado 26 de noviembre de 2022

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EDITORIAL

Milstein y la ciencia para los pobres del mundo

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Por Redacción El Ancasti

A propósito de cumplirse 93 años del nacimiento de César Milstein, el último premio Nobel que dio la Argentina, se está a punto de estrenar un proyecto transmedia basado en el químico argentino y realizado por la documentalista Ana Fraile. El trabajo, según se anticipa, profundiza en el pensamiento de Milstein sobre temas que, en plena pandemia, resultan muy interesantes conocer y analizar, como la función social de la ciencia.

En el año 2000, dos antes de su muerte, Milstein escribió: “La ciencia sólo va a completar sus promesas cuando los beneficios sean compartidos equitativamente por los verdaderos pobres del mundo”, una idea cuya concreción continúa pendiente, como puede corroborarse en la actualidad con la suposición de que las vacunas y tratamientos contra el coronavirus estarán disponibles antes para las personas y los países ricos, que para las personas y los países pobres. No hace falta profundizar demasiado para entender que la igualdad en el acceso a la salud y a los beneficios en general de la ciencia y la técnica es antes un anhelo que un dato de la realidad. 

Milstein, que obtuvo el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1984, junto al alemán Georges Köehler, por su investigación sobre anticuerpos monoclonales, era sumamente crítico con la comercialización de la salud, incluso en el campo de la ciencia que conocía muy bien porque había sido su especialidad. Poco antes de su muerte, y más de una década después de obtener el prestigioso galardón, declaró: “Estoy horrorizado con los precios que cobran por alguno de esos anticuerpos monoclonales dirigidos a células tumorales. Sé cuánto cuesta hacerlos y lo que cobran es un despropósito”.

Milstein es uno de los tres premios nobeles argentinos relacionados con la medicina: los otros dos son Bernardo Houssay (1947) y Luis Leloir (1970). Los tres son el resultado de la universidad pública argentina, concretamente la Universidad de Buenos Aires (UBA). Y son sin duda emergentes de un proceso que tuvo al Estado, promediando el siglo XX, como impulsor de la ciencia a través de la creación de instituciones de investigación científica y de desarrollo tecnológico. Durante la década del 50 del siglo pasado se fundaron, por ejemplo, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) y la Fábrica Militar de Aviones. 

El apoyo estatal al desarrollo científico ha sido en las últimas décadas intermitente. Incluso se recordará que entre 2018 y 2019 perdieron el rango ministerial las carteras de Salud y de Ciencia. Pero tal vez la pandemia, que vino a transformar el mundo en muchos aspectos, sea un factor que ayude a valorar más que nunca la importancia del financiamiento público de la ciencia, cuyos beneficios, como lo anticipó César Milstein, deben ser compartidos equitativamente por los verdaderos pobres del mundo.
 

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