viernes 2 de diciembre de 2022

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CARA Y CRUZ

Falsa divergencia

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Por Redacción El Ancasti

Declaraciones sucesivas del delegado especial de la Organización Mundial de la Salud para el COVID-19, David Nabarro, y el titular del organismo, Adhanom Ghebreyesus, fueron instrumentadas por los promotores de la fractura nacional como si hubieran expuesto una diferencia de criterios sobre los mecanismos más adecuados para afrontar la peste. Es cierto que Ghebreyesus salió rápido a especificar el alcance las manifestaciones de Nabarro, pero fue una reacción tendiente a atenuar el impacto que habían tenido y no a desautorizarlo.
Nabarro había dicho que el confinamiento no puede sostenerse indefinidamente como medida preventiva porque provoca perjuicios mayores a los del propio virus. El remedio termina siendo peor que la enfermedad.
“Hacemos un llamamiento a todos los líderes mundiales: dejen de utilizar el bloqueo como método de control principal” contra la COVID-19.
“En la OMS no abogamos por los bloqueos como el principal medio de control de este virus. Los encierros sólo tienen una consecuencia que nunca se debe menospreciar, y es hacer que la gente pobre sea muchísimo más pobre”, sostuvo.
Recomendó que, en vez de aplicar cuarentenas, se diseñen "planes de rastreo y hospitalización".
"El único momento en el que creemos que un confinamiento está justificado es para ganar tiempo para reorganizar, reagrupar, reequilibrar los recursos y proteger a los trabajadores de la salud que están agotados. Pero en general, preferimos no hacerlo", indicó.
"Puede que tengamos al menos el doble de desnutrición infantil. Esta es una terrible y espantosa catástrofe global”, concluyó.
El concepto es aplicable a la Argentina, donde la cuarentena lleva más de 200 días y ha destrozado la economía, pero los contagios y muertes ascienden de todas maneras. El país ya está sexto en el ranking mundial de víctimas de la peste y avanzando.


La desacreditación de la cuarentena como método generó un fuerte revuelo internacional que indujo las especificaciones de Ghebreyesus. 
“En determinados momentos algunos países no han tenido otra opción que la de confinar a la población en sus casas”, admitió, pero insistió en que la OMS “espera que los países utilicen intervenciones específicas, en el lugar y el momento en que la situación local lo requiera”.
“No es una elección entre dejar que el virus circule libremente o paralizar nuestras sociedades. Hay muchas cosas que los países pueden hacer y están haciendo para controlar la transmisión y salvar vidas. Este virus se transmite principalmente entre personas que tienen contacto cercano, y ocasiona brotes controlables mediante la aplicación de medidas específicas”, explicó. 
Las manifestaciones de ambos especialistas, mal que les pese a quienes defienden todavía el encuarentenamiento perpetuo nacional, son consistentes con la posición de la OMS desde siempre. Es decir: no existe un cambio de posición del organismo ni divergencia de fondo alguna entre sus miembros.


El 25 de marzo, cinco días después de que el presidente Alberto Fernández inició el ciclo de prórrogas indefinidas de la cuarentena, el mismo Ghebreyesus, señaló que si bien “pedir a la población que se quede en casa y suspender su circulación permite ganar tiempo y rebajar la presión sobre los sistemas de salud”, estas decisiones “no acabarán, por sí solas, con la epidemia”.
“El objetivo de estas acciones es que se adopten medidas más precisas y específicas para detener la transmisión y salvar vidas”, aclaró.
Adecuar los sistemas de salud a la demanda de la nueva enfermedad, aceitar políticas para mermar la aceleración de los contagios e internalizar comportamientos preventivos en la sociedad fueron los objetivos de la cuarentena nacional, en línea con la OMS. El fracaso está a la vista.
Siete meses, el encierro suma y sigue. En el caso argentino, lo de Nabarro está a punto de dejar de ser un pronóstico. 

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