EL MIRADOR POLÍTICO

La infiltración narcopolicial

domingo, 26 de enero de 2020 · 01:00

Además de confirmar generalizadas sospechas, la trama narcopolicial que desmadeja la Justicia Federal expone la prescindencia de un Estado cuyos administradores supusieron que el combate al flagelo de las drogas podía circunscribirse sin consecuencias a secuestros de cargamentos, clausura de bocas de expendio y neutralización eventual de algunas redes de distribución con captura de sus caudillos incluida.

Aunque sería necio negar la importancia de estos golpes, lo limitado de sus efectos es admitido por los propios operadores del sistema policial y judicial. Las bajas sufridas en ellos por el narcotráfico son inmediatamente suplantadas y el circuito comercial continúa funcionado sin mayores inconvenientes.

Pelea digna de Sísifo: la roca llevada a la cima se precipita al bajo sin solución de continuidad y hay que volver a empezar. La frustrante tarea es irrenunciable, pero en el punto alcanzado por el fenómeno la acechanza principal pasa precisamente por lo que la Justicia Federal local investiga desde hace más de un año: la infiltración narco en los organismos públicos para lubricar y perfeccionar prácticas que incluyen la entrega periódica de “perejiles” y jerarcas caídos en desgracia en alguna interna para satisfacción de la opinión pública y regodeo publicitario de autoridades.

En este sentido, las detenciones del exjefe de Drogas Peligrosas, Carlos Kunz, y el subcomisario Nolberto Valdez, que desarrolló toda su carrera en esa área, es, por lo menos y por lo pronto, humillante para la política. Desarrollaron las actividades ilícitas que les encartan bajo las narices de funcionarios y padrinos que promocionaban la política antidrogas provincial como ejemplar e incluso disputaban marquesinas con la Justicia Federal.

Kunz, de 48 años, estuvo al frente de Drogas Peligrosas durante cinco años, entre 2013 y 2018. Dejó el puesto para desempeñarse nada menos que como subjefe de la Policía de la Provincia.

Valdez tiene diez años menos que Kunz, pero era considerado un especialista: ingresado en Drogas Peligrosas apenas salió de la Escuela de Cadetes, entre sus labores policiales estaba la de dictar cursos sobre narcotráfico y narcóticos.

 

El origen

Las pesquisas que los comprometen partieron de la denuncia de un policía contra Kunz y de un sugestivo incidente protagonizado por Valdez en inmediaciones del puesto caminero de El Portezuelo, donde lo pescaron en compañía de un “dealer” al que supuestamente utilizaba como datero.

La situación de ambos parece haberse empezado a complicar cuando Kunz dejó la jefatura de Drogas Peligrosas. El episodio en El Portezuelo ocurrió pocos días después del ascenso de Kunz a subjefe.

El comisario Rosendo Cárdenes, que había quedado al frente de Drogas Peligrosas, no tenía la menor idea de qué podía estar haciendo Valdez con el presunto “datero”, por lo que dio parte del caso a sus superiores. El resultado fue su desplazamiento inmediato como jefe de Drogas Peligrosas, cuando no había cumplido ni un mes en ejercicio del cargo.

Lo reemplazó Daniel Ponce, que en julio del año pasado cayó envuelto en un escándalo por la desaparición de tres teléfonos celulares secuestrados en un operativo antidrogas en el que había sido detenido el policía Guillermo Vega, quien aseguró que la causa en su contra era un montaje de autoridades de la policía local porque un hermano suyo, también policía, había denunciado a Kunz y Ponce.

Vega fue absuelto, pero la jerarquía policial, de la que Kunz fue segundo hasta diciembre, lo mantuvo en disponibilidad.

 

Avisos

24 horas antes de la caída de Kunz y Valdez se descubrió la desaparición de 10 kilos de cocaína de los depósitos de Gendarmería. Las celebraciones de algunos policías locales, chochos de ver envueltos a sus colegas federales en tamaño oprobio, duraron muy poco. La corruptela no discrimina fueros.

El Ancasti informó y editorializó invariablemente sobre todos los incidentes que expusieron la posibilidad de que las fuerzas de seguridad estuvieran infiltradas por el narco. Las respuestas de las autoridades pertinentes a tal línea editorial fluctuaron siempre entre la subestimación de la amenaza, el intento de desacreditar la información y hasta la hipótesis de que el diario era instrumento de una campaña de desprestigio orquestada por narcotraficantes insatisfechos por los brillantes resultados de la política antidrogas provincial.

Mientras los encargados de combatir el narcotráfico seleccionaban delirios para exculparse, varias causas por drogas se frustraron en el juicio debido a errores en los procedimientos realizados por personal de Drogas Peligrosas. Uno de estos procedimientos defectuosos fue encabezado por el especialista Nolberto Valdez.

Lo absurdo de las fallas demandaba significativos esfuerzos de suspensión de la incredulidad para considerarlas tales. Más bien parecían maniobras deliberadas, tendientes a suministrar a las defensas de los capturados elementos para plantear las nulidades de los expedientes en el momento oportuno.

Nunca se supo de investigaciones que determinaran si se trataba de una manifestación de extraordinaria incompetencia colectiva o conductas venales, cosa extraña si se considera la pulsión oficial a difundir con estruendosas alharacas hasta el secuestro de un gajo de marihuana.

Los abundantes indicios surgidos de estos procesos anulados se concatenaron con episodios como el de Nolberto Valdez en El Portezuelo y la desaparición de los celulares para afirmar la convicción de que existía un sistema policial de protección a narcotraficantes.

Del Mirador Político “Drogas: causas pendientes”, del 22 de diciembre pasado: “Las condiciones que tornan verosímil una denuncia por protección oficial a narcotraficantes vienen construyéndose desde hace años basadas en la falta de definiciones sobre las sistemáticas malas praxis de Drogas Peligrosas y los sugestivos incidentes que envolvieron los enroques en la cúpula del área”.

Las investigaciones de la Justicia Federal sobre los narcopolicías estaban ya, se sabe ahora, muy avanzadas cuando un abogado tucumano radicó una denuncia y la saga de Drogas Peligrosas repercutió en la televisión nacional.

Los hechos le han dado finalmente la razón a El Ancasti, los objetores de este diario tienen que tragarse sus palabras. Hay dos jerarcas policiales presos, no se descartan más detenciones. El thriller tiene todavía, sin embargo, lagunas.

Falta saber hasta dónde caló la corrupción narco y lo más importante: en qué proporciones se conjugaron desidia, ineptitud y connivencia para abonar su avance.

El carnaval se vino encima y escasean los disfraces disponibles.

A gatas dos mascaritas para elegir: de inútil o de cómplice.

 

 

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