Editorial

Estadística escalofriante

viernes, 24 de enero de 2020 · 01:00

Hasta hace una década, las estadísticas sobre siniestralidad vial en Argentina parecían seguir el patrón de una historia pendular: bajaban y subían según los años, pero no había una tendencia que indique mejora sostenida. Pero ahora sí es posible observar una gravedad creciente. El año pasado, de hecho, las cifras se dispararon en una forma que causa preocupación.

En efecto, un estudio del Instituto de Seguridad y Educación Vial (ISEV) asegura que los siniestros aumentaron casi un 30% en 2019 respecto al año anterior y desde el 2013 no paran de crecer. El año pasado, 852 de las víctimas fatales fueron menores de 15 años y más de 16 mil heridos graves –un tercio del total- quedarán con una discapacidad permanente.

El estudio del ISEV indica que los siniestros que registraron gravedad (o sea, donde al menos hubo un fracturado) aumentaron un 29,2% entre 2018 y 2019. Señala también que la mortalidad fue un 4% mayor. Y los lesionados se incrementaron un 12,8%. Es decir, por cada tres hechos hubo un muerto. 

El instituto elabora cada año sus estadísticas en base a un entrecruzamiento de datos entre las denuncias policiales, los que llevan adelante las compañías de seguros y los hospitales, según explicó el abogado Eduardo Bertotti, titular de esa organización.
“En 2010 se asumió un compromiso con la ONU, se declaró la Década Mundial de la Seguridad Vial y se puso como objetivo reducir a la mitad las víctimas que hubo en ese año. Se tomó para la estadística el puntaje de 100 para el 2010, y lamentablemente vemos cómo el arco se acerca a esos números”, dijo.

Curiosamente, en los primeros años de esta década los siniestros habían decrecido de 100 a 67,2, pero a partir de 2013 comenzaron a trepar sin pausa hasta ubicar a 2019 con un registro de 96 puntos, casi como al principio. 
A criterio de Bertotti, esta realidad “tiene mucho que ver con la cultura. El argentino medio naturaliza al siniestro vial como una cuestión del destino, de Dios… Nosotros, siguiendo la línea de la OMS, los definimos como una ‘enfermedad social’. Es la primera causa de muertes por causas no naturales”.

Más aún, en Occidente, la mortalidad vial reemplazó a la guerra como primera causa. Por eso, para Bertotti, se trata de “una enfermedad social porque afecta a la sociedad de tal manera que no tiene defensas culturales contra ella. No imagino a miles de argentinos poniendo la mano sobre una hornalla encendida. Pero sí los veo cruzando la calle de manera riesgosa como si nada”, ilustró.

El ISEV contabilizó que 9.782 siniestros viales graves fueron “solitarios”, esto es, protagonizados por un solo vehículo. Por otra parte, indica que uno de cada 3 siniestros viales graves involucra a una moto. Y que el costo de los siniestros viales graves que se produjeron en el último año ascendió a 12.000 millones de dólares, aproximadamente el 2,2 % del PBI nacional.

Sin dudas, la seguridad vial precisa ser asumida como una política de Estado, que parta de la educación primaria y se extienda al régimen de otorgamiento del carné de conducir, lo cual no puede ser más un mero trámite.  Para evitar tanta siniestralidad, ya no alcanza con los controles de tránsito y las multas. Es, como dice el ISEV, una enfermedad social y debe ser encarada como tal por el Estado. n

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