Editorial

Un crimen que revela el lado más oscuro

jueves, 23 de enero de 2020 · 01:00

La muerte del joven Fernando Báez Sosa, víctima de una brutal golpiza por parte de un grupo de rugbiers a la salida de un boliche en Villa Gesell, puso al desnudo las serias dificultades de este país en términos de educación y convivencia social. Porque no se trata solo de inseguridad, alcohol, falta de control o la supuesta agresividad que alimenta el rugby. El problema es mucho más de fondo y serio. 

En efecto, las primeras repercusiones del caso rondaron en torno a la falta de seguridad del boliche, ya que se suponía que para eso pagaba a custodias o “patovicas”, y también a la ausencia de policías en inmediaciones de locales nocturnos, más aún en la Costa y sobre todo en Villa Gesell, que se caracteriza por ser el lugar preferido de los grupos de amigos que viajan solos.
También se aludió al hecho de que la venta de alcohol –y también la droga- es indiscriminada. Ayer, por cierto, el municipio de Gesell prohibió dicha venta en lugares públicos, pero lo hizo por un video que circuló donde se ve a jóvenes que arrojan botellas al aire en una playa. 

Y finalmente no faltaron las alusiones negativas a los rugbiers, por cuanto aseguran que es común que estas peleas o grescas “en manada” tengan a quienes practican ese deporte como protagonistas. Dicen, con cierto simplismo, que el rugby los hace fuertes física y mentalmente, los convierte en “verdaderos machos” para enfrentar las adversidades. Pero la víctima, en este caso, no fue atacado por uno sino por diez jóvenes. 

Al respecto, el ex Puma Serafín Dengra se mostró fastidiado con el asesinato. “Nunca vi algo así, no puedo creer que esos animales hayan hecho lo que hicieron. Estoy muy triste e indignado. No tienen ni corazón, ni principios, ni educación”, dijo.

Y añadió que la disciplina lejos está de fomentar eso. “El rugby es compañerismo, es trabajo en equipo. Esto le hace mal al deporte y al rugby muchísimo más porque siempre trató de ayudar. Sentí mucha vergüenza. Los referentes tienen que dar la cara y hablar. En este punto pido más medidas de la Unión Argentina de Rugby y un proyecto a nivel nacional sobre valores y educación”, concluyó.

Desde hace poco más de un año, el Instituto de Masculinidades y Cambio Social (MASCS), un equipo integrado por graduados, tiene entre sus objetivos el registro, el cuestionamiento y la disolución de lazos de complicidad masculina, naturalización de privilegios, ejercicio cotidiano de conductas machistas y otras modalidades de violencia que pueden desembocar en episodios como el de Báez Sosa. 

El consumo excesivo de alcohol y drogas, el culto a la fuerza física, las agresiones racistas y clasistas, así como la pertenencia a cofradías masculinas (la “manada”), son algunas de las características recurrentes en el estudio de estas violencias intergénero (cuando los varones atacan a mujeres, gays, lesbianas o personas trans) e intragénero.
Para ese equipo de investigadores, el varón no nace ni macho ni violento, sino que hay un proceso de aprendizaje que se internaliza en la sociabilización. Por lo tanto, es clave la construcción de género (la identidad masculina) en la niñez y la juventud para prevenir la violencia en la convivencia con otros. n

Otras Noticias