CARA Y CRUZ

Otro orden en ciernes

jueves, 23 de enero de 2020 · 01:05

La reunión del ministro de Gobierno Jorge Moreno con los miembros de todas las fuerzas con representación legislativa para informarles sobre los proyectos que el Gobierno pretende tratar en sesiones extraordinarias se inscribe en una dinámica extraña en Catamarca. 
Rastrillar precedentes de un encuentro de este tipo que incluyera a la oposición sería infructuoso. Ni el peronismo ni el radicalismo pactaron nunca agendas parlamentarias con sus antagonistas institucional y públicamente. La mayoría para la reforma constitucional de 1988, por ejemplo, fue obtenida a partir de una traumática escisión del bloque de diputados la UCR. 
Es un cambio de actitud significativo. Concatenado con la entrevista que el mismo titular de la cartera política mantuvo horas antes solo con los opositores, otro acontecimiento sin registro en los anales, el hecho comienza a marcar una tendencia, acaso el germen del nuevo orden que intentará edificar el gobernador Raúl Jalil. En trazo grueso: vínculos armónicos con la oposición, exploración de acuerdos generales antes de detonar los debates en el ámbito legislativo.
La maniobra parece necesaria en esta coyuntura. 
La médula del paquete que enviará el Gobierno a la Legislatura tratar a partir del mes que viene pasa por la reforma del Estado, una viga de la propuesta jalilista que encontró resistencia en intersticios de la burocracia que se suponen amenazados. El Instituto Provincial de la Vivienda, que ingresaría en la órbita del Ministerio de Vivienda y Urbanización, y Rentas y el Registro de la Propiedad, que se unificarían en un solo organismo recaudador, protagonizan las rebeliones más evidentes, en parte instigadas por sectores del peronismo que buscan espacio en la nueva escena tras el repliegue de Lucía Corpacci. 
Jalil pretende neutralizar estas disidencias en lo inmediato con un fuerte consenso parlamentario, pero sus movimientos tienen mayor proyección. Sostener un vínculo equilibrado con los referentes de la oposición le resultará también indispensable para gestionar conflictos más ríspidos, con el de la minería a la cabeza, o sacar la reforma constitucional. 

Aunque equilibrio no implica necesariamente unanimidad, supone predisposición a negociar. 
En tal marco, las señales enviadas desde el Ministerio de Gobierno y a través las reuniones que Jalil sostiene con intendentes radicales resultan más raras en cuanto se advierte que el peronismo tiene números suficientes en la Legislatura como para prescindir de sus rivales. Si siguiera una línea clásica, el Gobierno hubiera convocado a extraordinarias e impuesto el temario de su interés sin tantas milongas. Hay una evidente inclinación a asociar a los opositores en las principales decisiones políticas.
La materialización de este impulso del oficialismo se facilita porque la oposición no percibe horizontes de construcción posibles en el corto plazo, no solo por la aplastante derrota que sufrió a nivel provincial sino también, y sobre todo, por la crisis en que quedó sumida la alianza Cambiemos tras el derrumbe de Mauricio Macri. Están diezmados
Los liderazgos y las coordenadas opositoras nacionales son un misterio, no se sabe quien se erigirá como interlocutor principal de la Casa Rosada, ni cómo evolucionará la relación entre Fernández y el kirchnerismo duro. La proliferación de incógnitas no alienta audacias: cualquier movimiento en tablero tan difuso incuba demasiados riesgos de quedar a contramano. 
Los radicales catamarqueños siguen el consejo de Perón tras el golpe que destituyó a Arturo Illia: “Hay que desensillar hasta que aclare”. El General tiene una frase para cada ocasión.

Mientras, Jalil avanza en el afianzamiento de un estilo propio de gestión. 
Ya se señaló el financiamiento provincial para que los municipios del interior repliquen la caja de Crédito Municipal capitalina. Se suma ahora esta hospitalidad para los adversarios. Como cambio, a un mes de asumir, parece bastante. n

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