EDITORIAL

El Estado en falta

martes, 14 de enero de 2020 · 01:04

La noticia de la muerte por enfermedades relacionadas con cuadros de desnutrición de tres niños de la comunidad Wichi, en Salta, escandaliza. Y es lógico que se indague en las causas de tan tristes hechos. En esa búsqueda suele señalarse por supuesto a la crisis económica, que es mucho más aguda en sectores de tan alta vulnerabilidad, pero también a los propios integrantes de este pueblo originario, a los que se les atribuyen conductas negligentes que derivan en desenlaces fatales como los mencionados. En las mismas circunstancias, se argumenta, si los niños fuesen de condición humilde pero no miembros de una comunidad originaria, habrían podido sobrevivir a las enfermedades que los aquejaban.
Se trata de una lectura esquemática y lineal, que en la pesquisa de las causas no hace un diagnóstico profundo de la realidad. 

Pero una comprensión más profunda de la cultura wichi, y del resto de las comunidades aborígenes que mantienen fuertemente arraigada su cultura, permite un abordaje diferente de este tipo de situaciones, ofreciendo perspectivas de análisis alternativas.
Resulta muy interesante conocer las opiniones de dos antropólogos que han estudiado la cultura wichi. Para ellos, el Estado es el que está en falta por no comprender las costumbres y modos de vida de las comunidades originarias del norte del país. Norma Naharro, investigadora de la Universidad Nacional de Salta, analiza que “el sistema de Salud estatal no está del todo preparado para dar respuesta a un Pueblo que tiene una cultura distinta. Es el sistema el que debe adaptarse al Pueblo y no al revés”. 

Por su parte, John Palmer, que también es etnólogo, explica por qué, a su entender, el sistema de salud es expulsivo para los whichis: “Hay un desfasaje enorme entre lo que el Estado percibe y lo que es la realidad indígena, que es una realidad propia, con causas particulares que son completamente ajenas a las causas del ciudadano común y corriente, distinta de una cultura urbana y de la cultura de otras comunidades originarias, porque se trata de la cultura de los pueblos cazadores recolectores”. 
Respecto de la propensión a culpar a los padres de los niños de esas comunidades, Palmer aclara: “No es que no los quieren a los hijos. Para nada, son sumamente cariñosos con sus hijos, pero directamente no tienen posibilidades de cuidarlos, se les está privando de los medios para cuidar a sus propios hijos”. 

Ambos antropólogos añaden que los habitantes de los pueblos originarios tienen una resistencia a asistir a los hospitales porque se sienten discriminados y no comprendidos ni contenidos, lo que agrava la situación.
En Catamarca no hay problemas tan graves de falta de adaptación en materia de salud, pero sí deberían revisarse algunos aspectos, por ejemplo, de la política educativa. Muchos de los contenidos que se imparten en las escuelas del interior profundo están concebidos para grandes centros urbanos. En Educación, como en Salud, el Estado debe adaptarse para llegar eficazmente a los sectores históricamente marginados de nuestra sociedad. 

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