Análisis

Netflix, Nisman y Béliz

Por Javier Vicente- Especial para EL ANCASTI
lunes, 13 de enero de 2020 · 09:08

La visualización de la serie de Netflix sobre la muerte del fiscal Nisman me dejó la sensación de que el nombramiento de Gustavo Béliz en el gabinete de Alberto Fernández tiene una relevancia mayúscula, que no he visto reflejada en los distintos medios. De perfil muy bajo, apareciendo poco y nada en imágenes televisivas, el ex ministro del Interior de Menem y de Justicia de Néstor Kirchner, es para algunos uno de los más cercanos e influyentes colaboradores de Fernández.

Hoy su cargo oficial es el de Secretario de Asuntos Estratégicos de la Presidencia, y se supone que además de asesorar sobre distintos aspectos de la modernización en el Estado, la aplicación de la inteligencia artificial y su impacto, la adaptación a la web 4.0, entre otros temas, -- relación con la Iglesia, por ejemplo -- tendrá un rol significativo en el cambio que Fernández tiene previsto para el complejo mecanismo que une en demasiadas ocasiones el sistema de jueces federales y la AFI, Agencia Federal de inteligencia, la ex SIDE, o los espías, en lenguaje llano.

Como diría la socióloga Alcira Argumedo, que los argentinos estemos esperando que Netflix nos bendiga o nos castigue con su versión de la muerte de Nisman, habla mal, muy mal de nuestras instituciones políticas y judiciales y habla mal, en definitiva, de todos nosotros …. Luego de su visualización, y no deseando “espoilear”, como se dice ahora, o deschavar, como se decía antes, el contenido de la serie – muy buena, según mi interpretación – los que esperaban una condena – periodística, al menos – de Cristina Kirchner, Timerman y el peronismo en general, deben haberse sentido defraudados por el contenido del documental.

Los peronistas no podemos alegrarnos con lo que allí se expone, aunque nos releve de los más pesados cargos. Los que idolatraban a Nisman encontrarán razones para reconsiderar su elevación al pedestal, y quedará seguramente vigente la grieta entre los que están convencidos de que el fiscal se suicidó y los que aseguran que fue asesinado o inducido a matarse. Podrá reafirmarse la idea generalizada de que los autores del atentado tendrían alguna relación con Irán y, específicamente, con Rabbani, o convencerse de lo contrario.

Pero creo que lo que queda claro desde cualquier ángulo que se aborde la cuestión, es la relación podrida entre la Justicia (más específicamente varios jueces federales) y los servicios de inteligencia. Las contundentes afirmaciones de Luis Moreno Ocampo sobre ese entramado y su convencimiento de que los fondos reservados que deberían ser utilizados para la contrainteligencia en realidad son aprovechados por el poder político hace décadas para premiar a amigos y castigar a enemigos, siempre internos, resultan estremecedores. No lo está diciendo un oficialista de hoy, opositor ayer, ni viceversa; lo dice el ex fiscal adjunto del juicio contra las juntas militares de nuestro país, el primer Fiscal Jefe de la Corte Penal Internacional en la lucha de crímenes contra la humanidad, profesor en Harvard …

De tal manera, el anuncio realizado por el presidente Fernández el mismo día de su asunción de terminar con los gastos reservados para espías, ingentes sumas que distintos presidentes utilizaron a su antojo, y el nombramiento en su gabinete de Gustavo Béliz, que fuera relevado de su cargo en 2004 por combatir a Jaime Stiusso y en él al corrupto sistema de cloacas, más
que de servicios, creo tienen un importantísimo valor simbólico y concreto. Simbólico, porque se trae de nuevo a que realice aportes a un funcionario que Néstor Kirchner había designado para encabezar esta lucha, aunque retrocediera luego en esa decisión; y concreto, porque elevadísimas sumas se perdieron por años en las alcantarillas de personajes que sólo hacían espionaje interno y seguían para sus “trabajos” más las indicaciones de la CIA que las de sus supuestos mandantes.

Así, veo una bisagra en lo que se venía haciendo desde hace décadas, con administradores haciéndose los distraídos con enormes sumas que son de todos nosotros, y sin afectar jamás a servicios a los que les temían y les deben temer aún. Pero no es valiente el que no tiene miedo, sino el que lo enfrenta.

Una apostilla: aparece en el documental, entre otros, un personaje llamado Allan Bogad, o Bogado. Sin llegar a determinarse si es o no espía o si lo fue alguna vez y para quien trabajaba en realidad, uno cree que se reafirma la impresión de que en CABA hay unos diez Dalessios, Elaskares, Fariñas, Bogados por cuadra …. La ciudad en la que 2 de cada 3 ciudadanos votaron a Carrió “por su lucha contra la corrupción”, aloja a millones de buenas personas y miles de buscas y delincuentes de todo pelaje.

Con esa materia laboran los servicios, jueces corruptos o parciales, que es más o menos lo mismo, operadores mediáticos ….y fabrican una masa maloliente que, a más de 25 años, mantiene en las sombras el esclarecimiento de un crimen horrendo. Cuántos de estos personajes desaparecerían de la escena si se concretara la idea de Raúl Alfonsín de llevar la Capital Federal a un sitio del interior …! los más poderosos se trasladarían, pero seguramente muchas de esas lacras deberían dedicarse a buscar un trabajo honesto.

Otra: si uno busca en Wikipedia “Mohsen Rabbani”, la enciclopedia de internet describe: “saltador de pértiga iraní”… Obviamente se trata de un homónimo del ex agregado de la embajada de Irán en la Argentina y principal acusado por el atentado perpetrado contra la AMIA en 1994. Pero ese primer resultado de la búsqueda parece una broma macabra de un destino que se ensaña con los familiares de las víctimas y con la verdad.

Ojalá que las medidas de Alberto Fernández comiencen a destapar ese velo oscuro.

 

 

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