CARA Y CRUZ

En la repartija nacional

lunes, 13 de enero de 2020 · 01:08

No es poco, pero tampoco es tanto. Catamarca fue una de las provincias peronistas menos favorecidas en el reparto del poder político nacional, de acuerdo con lo que se puede observar en las demás porciones que se llevaron otros aliados del presidente Alberto Fernández en el interior y en el conurbano bonaerense.

Merced a gestiones atribuidas a la exgobernadora y actual diputada nacional Lucía Corpacci, el peronismo catamarqueño logró ubicar en el elenco nacional a Yanina Martinez, exjefa de la Casa de Catamarca en Buenos Aires, como secretaría de Promoción Turística en el ministerio que conduce Matías Lammens. Y a Francisco “Pancho” Mercado, exsecretario de Gabinete de la Gobernación, en el directorio del Banco de la Nación Argentina. 

No tuvo suerte, en cambio, en el área de Minería, que fue prácticamente monopolizada por San Juan. En efecto, allí el puntano Sergio Uñac logró colocar a Alberto Valentín Hensel como secretario de Minería, y a Sylvia Gimbernat como subsecretaria de Política Minera.


Gildo Insfrán, el gobernador crónico de Formosa, consiguió que el presidente Fernández nombrara como ministro de Agricultura a Luis Basterra, un hombre ligado al mandamás formoseño. El primer mandatario tucumano, Juan Manzur, quien pretendía colocar gente en el área de Salud, hizo desembarcar a Jorge Neme como secretario de Relaciones Económicas Internacionales de la Cancillería.

El gobernador de Entre Ríos, Gustavo Bordet, hizo designar a Enrique Cresto como titular del Ente Nacional de Obras Hídricas y de Saneamiento (ENHOSA). Y dos hombres vinculados al senador cordobés del PJ, Carlos Caserio, desembarcaron en la cartera de Mario Meoni: Walter Saieg (secretario de Gestión de Transporte) y Gabriel Bermúdez (subsecretario de Transporte). El segundo acompañó Juan Schiaretti en su equipo de colaboradores en Córdoba. 

Alicia Kirchner, gobernadora de Santa Cruz y exministra de Desarrollo Social de la Nación en las gestiones de Néstor y Cristina Kirchner, se dio con el gusto de ubicar dos leales suyos en esa cartera: Mirta Soraire y Gabriel Lerner.


La transición política en las segundas y terceras líneas del Gobierno provincial y del municipio capitalino todavía se encuentra en pleno proceso. Entre los días posteriores al 10 de diciembre y lo que va de enero –que es un mes complicado para la gestión por el receso administrativo-, los nuevos funcionarios se las vieron en figurillas para acomodarse y empezar a hacer su tarea.

Si bien son trastornos habituales en cada cambio de mando, era de suponer que al ser un traspaso de un Gobierno peronista a otro habría mayor sintonía, mejor comunicación. Sin embargo, no fue así. Fueron días febriles desde el punto de vista de la burocracia administrativa y de la propia rutina estatal.

En algunos casos, los nuevos funcionarios de uno y otro ámbito se encontraron con deudas a proveedores, expedientes paralizados, inventarios incompletos y cierto desorden en el papeleo. Fueron contados los contactos previos entre equipos salientes y entrantes para coordinar la mudanza y evitar esta desorganización. 

En determinados organismos descentralizados y empresas estatales estos días fueron vox pópuli las deudas heredadas de los anteriores responsables. Deudas por las cuales los proveedores decidieron cerrarles las cuentas o cancelarles el crédito hasta cobrar al menos el 50 por ciento. 

A eso se suma el hecho de que todavía faltan designar funcionarios técnicos en las áreas contables y registrar las firmas en el banco para agilizar los pagos. En Casa de Gobierno, por ejemplo, se vieron hace unos días filas de proveedores con números de expedientes en mano en la Contaduría general. Vista de afuera, parecía una cola de afiliados en OSEP.

Y finalmente, también ha sido notoria la falta de colaboración o el desgano de empleados y jefes intermedios –provinciales y municipales- con los nuevos titulares de organismos. Nada de qué asombrarse, pero está claro que sin firmeza la autoridad no se impone por sí misma.

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