EDITORIAL

Nepotismo y autoridad moral

sábado, 11 de enero de 2020 · 01:16

Es hábito en la dirigencia política, fuertemente rechazado por la ciudadanía, colocar a parientes y amigos en puestos de jerarquía en la administración pública. La costumbre es transversal a los partidos políticos. Injusto sería, en consecuencia, atribuirle a una fuerza en particular el patrimonio del ejercicio de estas prácticas reprochables.  Tampoco es rutina de autoría provinciana, sino propiciada en todos los niveles de gobierno, incluso el nacional.

La definición más extendida señala que el nepotismo es el trato de favor hacia familiares o amigos, a los que se otorgan cargos o empleos públicos por el mero hecho de serlo, sin tener en cuenta otros méritos.

No siempre el objetivo es la incorporación de ese familiar, amigo o allegado a un cargo de alta jerarquía y buena remuneración; en algunas ocasiones la meta es algo más modesta, simplemente nombrarlo a algún puesto, u otorgarle algún contrato que le permita cobrar un sueldo del Estado. Si efectivamente cumple funciones o no, a veces parece no importar. Incluso tampoco es requisito indispensable, como se ha visto en algunas ocasiones, que resida en la provincia donde cobra el sueldo. 

En el imaginario colectivo, pertenecer a una familia o tener un determinado apellido es un privilegio que coloca a esa persona en una posición inmejorable para acceder a las canonjías estatales. Argumentos no les faltan a los que suponen tal cosa, pero justo es mencionar la existencia de personas portadoras de esos apellidos con prerrogativas incorporadas, que en realidad poseen probada idoneidad para ejercer los cargos públicos. De modo que no debería caracterizarse como una práctica nepótica cualquier nombramiento de un amigo, allegado a o familiar, sino solo de aquellos que benefician a quienes no tienen más méritos que esa relación parental o de amistad. 

Varios casos de este tipo se han ventilado en las últimas semanas en el ambiente político catamarqueño, sacudiendo la modorra estival: algunos trascendieron por denuncias formales, otros por difusiones en redes sociales, y algún otro por la difusión que se realizó a través de canales de información oficiales, respecto de la designación en un cargo de alta jerarquía a nivel nacional de una persona que, según las voces críticas, no tiene la idoneidad técnica para cumplir la función que se le acaba de encomendar.

Los cuestionados, como es lógico suponer, pertenecen al oficialismo provincial, y las voces críticas provienen de la oposición. Pero los avispados o memoriosos saben perfectamente que los roles se invierten en función del resultado de las elecciones. Los críticos de ahora son los mentores de prácticas similares en gobiernos anteriores, y los que ahora las ejecutan fueron detractores de las que se motorizaban en gestiones pretéritas. 

Las acusaciones fundadas y las defensas pueriles ya no sorprenden a nadie. Es que si hay algo que no abunda en la política lugareña es autoridad moral para objetar esta costumbre rechazada por toda la ciudadanía. 

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