EDITORIAL

Milagros

domingo, 8 de septiembre de 2019 · 02:19

El fracaso del Gobierno de Cambiemos en materia económica implica un duro golpe para el proyecto que propicia las ideas neoliberales, esto es, las desregulación de las variables económicas, la apertura de la economía, la liberalización de los mercados… No es el primer traspié de estas ideas en un país que tiene una larga tradición de regulación estatal, fundamento de los gobiernos radicales y peronistas hasta la década del noventa en el siglo pasado.

El primer ciclo de ideas neoliberales ocurrió durante la última dictadura militar, con un saldo de vertiginoso endeudamiento externo y deterioro notable de la industria nacional.

El segundo ciclo abarca el menemismo –salvo el comienzo de ese Gobierno, que intentó la puesta en marcha de un proyecto articulado con el empresariado nacional- y el efímero gobierno de la Alianza, con el corolario de la crisis de 2001-2002.

El tercer ciclo, iniciado en diciembre de 2015, prometía romper con esta racha de fracasos, pero el resultado ha sido verdaderamente decepcionante: otra vez endeudamiento acelerado, destrucción de puestos de trabajo, particularmente los industriales, aumento de la pobreza y la indigencia, inflación por encima del 50 % anual, recesión.

En todas estas experiencias aparece el Fondo Monetario Internacional acompañando los procesos, lo que lo coloca en el indeseable papel de copartícipe del fiasco.

Aunque sería apresurado anticipar un resultado electoral, todos los pronósticos colocan al candidato de la oposición, Alberto Fernández, con clara ventaja sobre el oficialismo nacional. El interrogante respecto de su proyecto económico no tiene aún respuestas concluyentes.

Los analistas económicos trazan comparaciones entre la situación de Argentina y dos países europeos que hace algunos años recurrieron al auxilio del FMI: Grecia y Portugal.

El primero de los países siguió los lineamientos del ajuste ortodoxo, luego de “reperfilar” su deuda en 2011. El resultado del ajuste griego ha sido devastador: la economía se contrajo en estos ocho años un 25%, el desempleo roza el 20%, aumentó la pobreza y emigraron, como consecuencia de la crisis, más de 300.000 personas. La deuda compromete a varias generaciones de griegos.

El modelo portugués es heterodoxo desde la asunción como primer ministro de Antonio Costa en noviembre de 2015. A contramano de las recetas del Fondo, el gobierno portugués promovió el desarrollo del mercado interno, incrementando el gasto pero también los ingresos, alcanzando un razonable equilibrio fiscal. La economía empezó a crecer y el desempleo a bajar. Esos logros han llevado a que en Europa se hable del “milagro portugués”.

En su gira europea, Alberto Fernández se reunió con Costa para interiorizarse de esa experiencia de Gobierno. Todo indica que, en caso de que sea electo presidente, el candidato opositor piensa encarar políticas heterodoxas.

Sin embargo, se sabe que las experiencias no se pueden extrapolar automáticamente entre países. Y que, si bien es razonable y deseable tener expectativas esperanzadoras para el futuro, la situación argentina es de extrema fragilidad y vulnerabilidad como para andar esperando milagros.

 

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