|| CARA Y CRUZ ||

Reperfilamiento general

viernes, 6 de septiembre de 2019 · 02:13

La fascinación por el abismo parece haber sido superada. 

La tregua entre los candidatos Mauricio Macri y Alberto Fernández se rompió con la plaza macrista, que insufló algunos bríos a las deprimidas tropas presidenciales, pero la reacción de los sensibles mercados a la reanudación de las hostilidades alarmó a los personajes, que se apresuraron a rebobinar. 

El horno, definitivamente, no está para bollos ni audacias. La estabilidad es demasiado precaria, mucha nitroglicerina.
Aunque el caos podría precipitar la salida anticipada de Macri, también dejaría severamente comprometida la futura gestión, de modo que el “reperfilamiento” de la deuda anunciado por el ministro de Economía Hernán Lacunza es correlativo a un reperfilamiento político general. 

Lo más notorio en el proceso es la mímesis de Macri con la facción que lo aplastó. Si bien aclara que no le gusta, tuvo que resignarse a medidas antes denostadas como populistas, tendientes a refrenar el tráfico de dólares para no desangrar al Banco Central en una espiral de corridas cambiarias. 

El frente opositor también se acomoda y enfatiza sus rasgos herbívoros, con la misma meta de preservar reservas indispensables para apuntalar una administración que siente en el buche.

Fernández venía cultivando con esmero el perfil budista, mientras desde la trinchera rival se lo acusaba de esconder a su compañera de fórmula, de temperamento más ígneo, que es la que en realidad, lo descalifican, ejercería el poder. La Casa Rosada aún espera sacar réditos electorales de esta teoría de Fernández como vicario de Cristina, una reformulación de la grieta.

La expresidenta, caracterizada por Juntos por el Cambio como una fiera agazapada, emboscada a la espera de la oportunidad para dar el zarpazo, apareció e hizo su contribución al clima de serenidad inmediatamente después de la publicación en el Boletín Oficial del decreto que restringió la compra de dólares y obligó a solicitar autorización al Banco Central para algunas operaciones con la divisa.

"Todos tenemos que saber el lugar que tenemos que ocupar para ayudar a cambiar esto y que no sea el péndulo permanente. Intentemos en serio tener un proyecto de país que sea perdurable y viable”, puso en su cuenta de Twitter. 

El texto fue acompañado con un resumen en video del acto en La Plata donde presentó su libro “Sinceramente”. 
Para la ex presidente, "con todo lo que está pasando y lo que va a pasar, va a ser inevitable que todos los sectores económicos, todos los actores, se sienten a discutir en serio". Es indispensable un "acuerdo estratégico" y ésta es la "oportunidad histórica de poder hacerlo", consideró.

No es candidata a vicepresidente porque quiera, subrayó al final, sino “para ayudar a conformar una nueva mayoría en la República Argentina”.

Imposible no contrastar esta frase con el “vamos por todo” posterior a su reelección de 2011, que ganó sin chicotear con el 54% de los votos. La consigna abrió paso al proyecto “Cristina eterna”, que postulaba reformar la Constitución para anular las limitaciones a la perpetuación en el poder, finalmente frustrado. 

Del “todo”, la expresidente pasa a pretender ser parte de “una nueva mayoría”. 

Se le crea o no, en términos de reperfilamiento político no es poco como definición después de un triunfo tan rotundo en primarias.

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