cartas al director

Aborto: palabra sangrienta que estremece el alma y agita conciencias

viernes, 6 de septiembre de 2019 · 02:00

En estos tiempos que el tema del aborto acaparó tanto espacio y se esgrimen tan falsos derechos, se pretenden implantar o retrasar hipócritas leyes, solo resta pensar que ya no queda espacio para vacíos argumentos, ya que legal o legalmente fue exactamente el mismo.

Los abortos se practican de a miles con cualquier pretexto por legos y profesionales, y aunque es demasiado tarde para impedir el mudo lamento de millones de inocentes y limpiar los ríos de sangre derramados por ellos, tiñendo las manos de los custodios de la vida, es tiempo que se reflexione por tanta hipocresía y falta de escrúpulos dominados por el materialismo.

Aunque el mundo mal organizado y desequilibrado se aterre por la amenaza de superpoblación, la Argentina fue y es un país muy necesitado de habitantes, ya que nuestras comunidades genuinas han sido aniquiladas. Nuestros problemas de fronteras es la falta de población que las habiten y custodien con verdadera identidad; por lo tanto, antes de legalizar el aborto habría que propiciar nacimientos, y desde que nació la Patria era indispensable estructurar un programa poblacional firme y coherente poniendo énfasis en un objetivo básico: la mujer.

Siendo la mujer el vehículo fundador y propulsor de toda población, tendría que ser educada integralmente para la vida.

Es loable que la mujer pueda igualar al hombre en las distintas disciplinas y actividades sociales y culturales, pero hay algo que, aunque sea analfabeta o la más erudita profesional, las unifica y dignifica haciéndolas superior al hombre, ya que son las únicas que pueden poner los hijos sobre la tierra para formar los pueblos o las naciones que gastan abultados presupuestos en formar soldados para las guerras, y deberían gastar también en formar madres para la vida, cuyo presupuesto tal vez no tenga mucha diferencia de lo que insumiría la legalización del aborto a costa del Estado Nacional.

Lamentablemente a la mujer se le asignó un papel secundario e irrelevante en la sociedad, la mayoría (por no decir todas), totalmente ignorante en cuanto a la función de sus órganos reproductivos, ya que casi ninguna madre se animaba ni sabía cómo hablar con sus hijas, ni siquiera por qué y para qué existía el traumático proceso de la menstruación, mucho menos explicarnos qué significaba y cómo enfrentar el despertar a la sexualidad, y así se repetía en cada adolescente el aprendizaje por propia experiencia o con influencias mal intencionadas, creándose así el auge de madres, niñas o adolescentes imposibilitadas de asumir responsabilidades tan importantes como criar, conducir y educar a ese niño o niña que mañana formarán la trama social de una comunidad como ciudadanos solidarios y respetuosos.

Es imperioso incluir en la enseñanza primaria un renglón de instrucción obligatoria, ya sea en forma presencial o por medio de filmaciones o audiovisuales, preparando a la futura madre para “la vida”, o también a los futuros papás. Salas de parto: donde se pueda presenciar y compartir la alegría del alumbramiento o poder presenciar un aborto y experimentar el dolor del aborto cuando el médico tiene que destrozar a pedazos a indefensos inocentes, y tal vez esa niña que observó eso no se lo haría jamás aunque hayan leyes que lo autoricen, ya que la mayoría de las mujeres que recurren al aborto son jovencitas que lo hacen por ignorancia o por falta de contención familiar que las obligan a resolver en absoluta soledad y temor al reproche de sus padres que en antaño era muy común que, obrando con enorme hipocresía y falta de amor, las expulsaban del hogar y salían a deambular con su hijito en brazos, señaladas por la sociedad injusta e inhumana. Ante la zozobra de tan difícil situación confían su secreto a su amiga de confianza y caen en el consejo de que recurra a métodos clandestinos nefastos y peligrosos, donde muchas veces hasta pierden la vida, y cuando la practican profesionales en muchísimos casos, chicas jovencitas quedaron estériles, arruinando el futuro de una vida normal y traumadas para siempre, ya que (según eminentes psicólogos) en cada niño que miran buscan el rostro del hijo que no dejaron nacer.

Visitar salas cunas: aprender todo sobre el cuidado de niños normales o con capacidades diferentes. Sus juegos, cómo alimentarlos, cambiarles los pañales, etc.

Hogar de ancianos: sus cuidados y acompañamiento, tratar de rescatar sus memorias de vida que a los ancianos les encanta recordar y que les presten el oído.

Por último pido me permita esta profunda y sentida reflexión:

¿Con qué argumentos sé le podría condenar a una madre que mate a su hijo ya nacido, si matar a un ¡nocente en el vientre de su madre es doble crimen, porque se atenta contra dos vidas?

Y los médicos que tiñen sus manos con sangre de inocentes, ¿tendrían coraje de acariciar un niño recién nacido?

No tengo ninguna preferencia política y amo a la familia y a mi país.

Muy agradecida saludo a usted, señor director, con mi mayor respeto.

 

Irma Rodríguez Zarza

DNI 7.580.962

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