Editorial

Una cuestión de supervivencia

Las situaciones de emergencia financiera y económica como la que hoy vive la Argentina requieren de mucho...
miércoles, 4 de septiembre de 2019 · 02:18

Las situaciones de emergencia financiera y económica como la que hoy vive la Argentina requieren de mucho pragmatismo. Los modelos teóricos en los que se forman los economistas pasan a un segundo plano cuando lo único permanente es el desequilibrio de las variables macroeconómicas.

En contextos de gran volatilidad y de marcada inestabilidad de esas variables se admiten como salidas lógicas lo que en instancias de relativa tranquilidad serían vistas como medidas contradictorias con el pensamiento económico de los que ejercen el Gobierno. 

Los controles cambiarios no forman parte del ADN neoliberal de los funcionarios de la gestión de Cambiemos. Ni de muchos economistas que analizan a diario la marcha de las finanzas públicas. Sin embargo, salvo muy contadas excepciones, las regulaciones introducidas por el gobierno respecto del control de compra de las divisas han sido aceptadas como necesarias en la actual coyuntura, donde prevalece la falta de confianza hacia un gobierno nacional casi en retirada.

Daniel Artana, que fuera viceministro del liberal Ricardo López Murphy en el 2001, dijo en una entrevista que concedió hace dos semanas que el control de capitales “no es un tema de derecha o de izquierda, sino un tema de supervivencia”.

Si a Mauricio Macri o a cualquiera de sus funcionarios le hubiesen consultado hace algunos meses respecto de la posibilidad de introducir controles de este tipo, la respuesta hubiese sido un no rotundo. Pero la acelerada fuga de capitales y disminución de las reservas del Banco Central han obligado a decidir estas restricciones, pues de mantener el esquema de desregulación casi total que regía desde diciembre de 2015 las consecuencias podrían ser catastróficas, más aún de las que ya se padecieron. Según datos del Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Avellaneda, desde que Argentina y el FMI firmaron el acuerdo stand-by, ocho de cada diez dólares que entraron al país se fugaron. La salida de divisas supera en poco más de un año los U$S 36.000 millones.

Así, en el tramo final de su gestión, el presidente apela a recetas heterodoxas que son banderas de la principal oposición: al control cambiario habría que sumarles las “medidas de alivio” que anunció unos días después de la derrota en las PASO, todas iniciativas contrarias al pensamiento económico del núcleo duro de Cambiemos. Lo cual, en suma, es una admisión explícita del fracaso de la política económica puesta en marcha hace casi cuatro años.

Más allá de esta coincidencia casi generalizada respecto de la necesidad de establecer controles cambiarios y en el movimiento de capitales, lo que deberá analizar el próximo Gobierno es cómo construir consensos amplios para lograr una estabilidad duradera de las variables económicas que permitan ir, gradualmente, levantando las restricciones. Solo una economía fuerte, o al menos confiable y en recuperación, puede subsistir sin regulaciones estatales que hoy son casi indiscutibles, caracterizadas como una cuestión de supervivencia. 

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