Cara y Cruz

Pesca telefónica

La campaña electoral se reiniciará formalmente el sábado, pero los resultados de las primarias...
miércoles, 4 de septiembre de 2019 · 02:20

La campaña electoral se reiniciará formalmente el sábado, pero los resultados de las primarias del 11 de agosto estimularon a los vivillos que nunca faltan para girar la tuerca en una estafa que ya supo subirse a los titulares en épocas menos proselitistas: salir a la pesca de incautos por teléfono y requerirles dinero en nombre de algún encumbrado a cambio de hipotéticos servicios o favores. 
El invocado ahora fue el diputado nacional Gustavo Saadi, a quien más de uno ya ve con el traje de intendente de la Capital.
“Quiero comentarles que recibí la noticia de que diferentes personas resultaron damnificadas en los últimos días por el accionar de estafadores que realizan llamados telefónicos en mi nombre para burlar la buena fe de los interlocutores. Les pido que hagan caso omiso a este tipo de pedidos, que anteriormente ya se realizaron a nombre de otros funcionarios y autoridades y solo tienen por objetivo quitarle dinero a personas desprevenidas”, posteó el legislador en su muro de facebook y en twitter.


Otros “modus operandis” se abstienen de tentar con el nombre de gente poderosa o conocida y recurren a supuestos beneficios para acceder a los cuáles hay que pagar. 
Un profesional del medio comentó, por ejemplo, que recibió una llamada desde un número que no figuraba entre sus contactos. Un sujeto le decía que había ganado un premio millonario de un juego nacional y un televisor de alta gama, y que para recibirlos debía abonar cierta cantidad de dinero a través de su teléfono. 
“Me tuvo media hora en el teléfono, no le podía cortar. Es gente muy insistente y hasta parece saber de la vida de uno”, contó. 
Lo que se recomienda es conservar el número desde donde se hizo la llamada y hacer la denuncia en la Unidad Judicial que corresponda o en la Policía. 


En el caso de los políticos, los estafadores apuestan no solo a la ingenuidad de sus potenciales víctimas, sino también a la propensión de congraciarse con personajes públicos. 
En anteriores oportunidades, como consigna Saadi, la maniobra fraudulenta se perpetró o intentó perpetrarse en nombre de funcionarios. Es inverosímil que un diputado nacional ande pidiendo plata o favores por vía telefónica, pero la persistencia indica que se obtienen resultados, por increíble que parezca. Debe ser nomás cuestión de paciencia hasta que alguien pica.
La cuestión es que la campaña electoral, conjugada con la crisis, que agudiza el ingenio, da para todo. 
Ya se abordó en esta misma columna el fenómeno de las mutaciones afectivas que se están produciendo en el seno del oficialismo, donde el candidato a gobernador Raúl Jalil y Saadi son idolatrados por personajes que hasta hace unos pocos meses no querían saber nada con sus ascensos. Las manifestaciones de amor incondicional hacia ellos a través de las redes sociales son tantas que por momentos amenazan con hacer colapsar los sistemas. 

La Secretaría de Seguridad debería articular algún método de prevención adicional para salvaguardar a ese universo creciente de “ultraraulistas” y “ultragustavistas”, denominaciones más ajustadas que anacronismos como “ultrajalilistas” o “ultrasaadistas”, tan fríos, distantes desde la perspectiva emocional. 
No sería mala idea darles un taller para que estén alertas al accionar de los malvivientes. Es tan evidente el afán por demostrar adhesiones, que no ha de faltar el pescador telefónico que advierta el potencial de tamaño cardumen y se ponga trabajar. Seguro que algún deseoso de solucionarle el problema a los compañeros Raúl y Gustavo engancha, con bastantes más beneficios de los que pueda obtener de otros ingenuos. n

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