Cara y Cruz

Ni la raspa ´e la olla

Alejandro Segli, presidente de la Unión Comercial de Catamarca, se sumó a los lamentos del sector...
martes, 17 de septiembre de 2019 · 02:20

Alejandro Segli, presidente de la Unión Comercial de Catamarca, se sumó a los lamentos del sector privado por el bono de $5.000 para sus empleados que la Casa Rosada quiere hacerle pagar. 
Se trata de una de las tantas disposiciones engendradas para la utopía de reconciliciar al presidente Mauricio Macri con su electorado prófugo. Es decir: una decisión cuyo objetivo pasa menos por reactivar la economía que por capturar votos, demagógica de tal modo desde su concepción. 
A tal defecto de diseño debe añadirse que la toma el mismo Gobierno que se encargó de construir las condiciones recesivas que impiden su cumplimiento a las pequeñas y medianas empresas.
 Aunque aceptó que el bono podría “inyectar más dinero al mercado, para que rebote en el comercio", Segli relativizó el alcance de este razonamiento, muy habitual, en el contexto que se atraviesa.  
"Lamentablemente, en la coyuntura en la que está el país, es imposible pagarlo", dijo.

Algunos economistas exploraron en las últimas semanas los obstáculos que se alzan ante la atractiva idea de “poner plata en el bolsillo de la gente” para disparar un proceso virtuoso de reactivación. 
Señalan, básicamente, que no es posible repartir lo que no se tiene o, mejor aún, lo que no se ha generado.
Iván Carrino, por ejemplo, citó al economista francés Jean Baptist Say, quien hace más de dos siglos explicó que “el consumo es el resultado del crecimiento económico, pero no su causa”.
“Si queremos que haya más plata en el bolsillo de la gente, lo que necesitamos es que Argentina produzca más, más y más”, consideró.
Más brutal, Roberto Cachanosky publicó en su cuenta de Twitter una planilla con la cantidad de personas que reciben asignaciones del Estado, alrededor de 19 millones, sin que esto haya resultado en reactivación alguna.
"¿Cuándo van a entender que eso no funciona", twiteó.

Por supuesto, cada uno ve lo que le conviene o lo que le permite su formación ideológica. Así la lógica de Cachanosky no incorpora entre las premisas del fracaso la política económica que fomentó el desmadre de la especulación financiera en desmedro de la inversión productiva, con la cadena de consecuencias: retracción de la actividad, destrucción de puestos laborales, caída del consumo y una consolidación y expansión de la pobreza en el marco de la cual esto de “poner plata en el bolsillo de la gente”, cuando de asistencia social se trata, no pasa por reactivar la economía sino por una cuestión de mera humanidad.
Esto no significa desconocer que los recursos públicos pueden administrarse mejor y que la burocracia estatal sobredimensionada es cepo al progreso tan gravoso como las tajadas que se llevan corporaciones de todo pelo y linaje en cada eslabón del proceso productivo.

Los devaneos teóricos, en economía o en cualquier disciplina, pueden desplegarse hasta el infinito. No ocurre lo mismo con los recursos materiales, como viene a recordarlo este asunto del bono de $5.000. 
La cuestión no pasa por las derivaciones de poner o no poner plata en el bolsillo de la gente. Es mucho más simple: no existe tal plata donde la Casa Rosada lo exige, y no existe por los nefastos efectos de la política económica instrumentada por la propia Casa Rosada que ahora pretende hacer beneficencia con dinero ajeno. 
El derrumbe ocurrido durante la administración Macri no le ha dejado a la pequeña y mediana empresa, en general, ni la raspa ‘e la olla. 
Una pena que no se les pueda, o no se les quiera, exigir el pago de bonos a los que lucraron con millonadas mientras la economía real era demolida por los magos de las finanzas.n

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