EL MIRADOR POLÍTICO

Quince minutos de Fama

domingo, 15 de septiembre de 2019 · 02:03

Lo que podría denominarse “el incidente Fama” reveló facetas interesantes de la dinámica política e institucional: la extrema sensibilidad de los callos de la Justicia Federal, la inconsistencia del discurso opositor y lo sencillo que es para oficialismo, debido a tal inconsistencia, eludir asuntos que puedan resultarles incómodos.
La secuencia es ilustrativa.
El rector de la UNCA, Flavio Fama, candidato a intendente de San Fernando del Valle de Catamarca por la alianza Juntos por el Cambio, declaró en una entrevista radial que sus equipos habían marcado en un mapa los puntos de comercialización de drogas en la ciudad, en base al testimonio de vecinos.
“La ciudad está roja en muchos lugares completamente. Si lo sabemos nosotros, lo sabe el Gobierno, la Policía y la Justicia, no me digan que no”, acusó.
Estas manifestaciones lo colocaban en una posición como mínimo comprometida. Si tenía conocimiento de lugares en los que se venden estupefacientes, la conducta no solo correcta, sino también sensata, era suministrar sin bullas tal información a la Justicia Federal, para que esta evaluara su verosimilitud y, llegado el caso, procediera conforme a sus competencias.
Anunciar públicamente la localización de comercios de drogas beneficia obviamente a los traficantes, quienes indefectiblemente concluirán que deben mudarse antes de que los pesquen.
Las tareas de inteligencia requieren discreción.

Sobreactuaciones

No obstante, se trataba hasta ahí de un asunto menor. Fama se había ido de lengua por añadir el detalle del supuesto mapa a una exposición general, política, de campaña, sobre el calado de las adicciones y el narcomenudeo en la Capital, flagelo que no necesita corroboraciones y que muchas familias sufren en carne propia.
Hubo una respuesta aislada del secretario de Seguridad, Marcos Denett, a través de su habitual vía de comunicación, la red social Facebook, pero no una reacción de los candidatos oficialistas.
Lógica estratégica: el afianzamiento del tráfico de drogas y las adicciones en Catamarca no es tópico proselitista que convenga al Gobierno. Fama pretendía introducirlo, no había por qué darle el gusto.
Los peronistas siguen a Napoleón: cuando tu enemigo se equivoca, no lo interrumpas. Mejor continuar con la inofensiva baja intensidad del plazo fijo y la administración de ambulancias.
Pero la Justicia vino en auxilio del rector. Celosa custodia de sus atribuciones, no iba a asistir indiferente a la competencia de una improvisada brigada antinarcóticos proselitista.
Primero salió al cruce verbal el juez federal, Miguel Ángel Contreras, quien aclaró que las suposiciones de Fama y sus cartógrafos no eran indicio suficiente para movilizar de inmediato el sistema, muchos menos cuando los narcos ya habían sido avisados por el propio pesquisa académico de que los habían relojeado.
A continuación, el fiscal federal Santos Reynoso completó la faena con una sobreactuación. Inició una causa y convocó a declarar como testigos a Fama y a los periodistas que le habían hecho el reportaje.
Los colegas ya declararon. Fama podría hacerlo mañana o el miércoles, obtendrá sus quince minutos de, su apellido impide evitar redundancias, fama.
El escenario armado por Reynoso tiene potencial político para el rector, habrá que ver si consigue materializarlo.
Por el momento, alcanzó para que el senador nacional Oscar Castillo reprochara a las autoridades el escándalo armado porque un candidato se refirió a las drogas.
Es la primera manifestación pública del ex gobernador en lo que va de la campaña, primarias incluidas.

Un hecho más grave

El “incidente Fama” pone sobre relieve no solo lo deshilachado de la campaña opositora, que no ha conseguido comprometer al Gobierno en debates provinciales que permitan balancear la gravitación plúmbea en la boleta electoral de la figura del presidente Mauricio Macri, sino también las lagunas de su desempeño fuera de las etapas electorales.
Mucho más grave que las veleidades cartográficas del candidato a intendente de la Capital fueron, por ejemplo, los motivos del desplazamiento del comisario Daniel Ponce como jefe de la Dirección de Drogas Peligrosas de la Policía de la Provincia, hace poco más de un mes.
Un policía detenido en un operativo antidrogas aseguró que trabajaba como informal agente encubierto para Ponce. El vínculo era desconocido en la Justicia Federal, pero esta anomalía devino insignificante en comparación con lo que siguió.
Tres de quince teléfonos celulares que habían sido secuestrados en el operativo, cuyo contenido, supuestamente, iba a probar la relación entre el policía encartado y Ponce, desaparecieron en el trayecto entre Drogas Peligrosas y el Juzgado Federal. Es decir: se esfumaron pruebas de una causa por narcotráfico.
Conocida la situación, Ponce suministró su propio teléfono para salvar el extravío.
De la visualización surgió que la relación con el policía acusado, a quien le encomendaba tareas propias de un infiltrado, era cierta. Lo que no se sabe, y no podrá saberse salvo que los tres celulares aparezcan, es si hay detalles adicionales de tal vínculo, más comprometedores que el mero hecho de que la Policía de la Provincia no haya informado ni pedido autorización a la Justicia Federal sobre estas tareas de inteligencia.
En un chat de Whatsapp visualizado en el teléfono de Ponce, éste enviaba al policía a traer “sustancia” desde Jujuy. Una de las tantas preguntas aún sin respuesta en el caso es cómo se financiaba tal transacción ilícita.
La causa abierta en la Justicia Federal todavía no arrojó resultados. Ponce fue licenciado y reemplazado al frente de Drogas Peligrosas por el comisario inspector Marcelo Chanampa en agosto. Tercer jefe del área en siete meses.
Lo llamativo es que un episodio de tamaña gravedad no haya generado las mismas desmesuradas reacciones que las declaraciones radiales de Fama.
La oposición se limitó a un pedido de informes en la Cámara de Diputados, inconducente como era de esperar, pues solo recibió la tradicional respuesta por Facebook del secretario de Seguridad Denett y sus satélites.

Omisiones

Le aproveche o no a Fama su incursión en el Juzgado Federal, saltan nítidas las defecciones de la política, que son sus deudas.
La semana pasada, en este mismo espacio, se subrayó la notable ausencia de la minería, que carece de licencia social, en la agenda de campaña.
Las drogas recién aparecen ahora, a raíz de que un fiscal armó una tormenta en un vaso de agua con las declaraciones de un candidato.
Lo excesivo de la reacción se manifiesta en contraste con la moderación exhibida frente al caso de Drogas Peligrosas, que estuvo precedido por otros hechos sugestivos sobre los que ni la Justicia ni la política, de cualquier signo, profundizaron.
Hay una explicación posible para estos silencios, que no son los únicos.
Resulta arduo obtener réditos electorales de circunstancias en las que, por acción u omisión, las culpas podrían ser concurrentes.
Los interlocutores han de meditar a cada paso sobre los riesgos de pegarse un tiro en su propia pata.

 

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