EDITORIAL

Excusa eterna

domingo, 15 de septiembre de 2019 · 02:01

La Expo Productiva 2019 recuerda a las Expolivo que se desarrollaban también en Catamarca en el contexto de la crisis de 2001-2002. No es tarea sencilla organizar un evento que tenga como propósito mostrar el potencial productivo –antes de la producción olivícola, ahora de todos los sectores- cuando se viven tiempos de gran retroceso en la materia, años de caída de la actividad económica y sin una recuperación a la vista.

No solo son comparables los esfuerzos del entonces gobierno del Frente Cívico y Social y del actual del peronismo: también tienen grandes similitudes los proyectos de ambas gestiones en lo que respecta al sector de la producción. Por más que en plena campaña las dos fuerzas mayoritarias polemicen respecto de las virtudes propias y los defectos ajenos, apelando incluso, como lamentablemente se ha visto, a estrategias proselitistas reñidas con la ética, no son muchas las diferencias que se puedan advertir al analizar las gestiones provinciales desde los años noventa hasta la actualidad.

Antes y ahora, la prioridad de los gobiernos provinciales –y es lógico que así sea-, ha sido mantener la paz social. Y el factor esencial para lograr este propósito es que haya suficientes recursos como para pagar los sueldos de los trabajadores del sector público y a los proveedores estatales. Es tan determinante la incidencia del Estado en el funcionamiento de la economía de la provincia que tomando los recaudos necesarios para garantizar que la cadena de pagos no se corte, la mayor parte del trabajo de los gobernantes está hecho. Y, casi casi, la reelección asegurada.

Pero desarrollar el sector productivo de la provincia prescindiendo de los tradicionales subsidios estatales es otra cosa. Representa un desafío mayúsculo cuya concreción parece siempre improbable. No debe achacársele a las autoridades provinciales, sin embargo, la responsabilidad mayor de esta limitación histórica. La insignificancia económica de Catamarca en el contexto nacional y la carencia de herramientas propias para impulsar con énfasis el desarrollo de las potencialidades productivas locales es una limitación innegable. Por esa razón es que las provincias, sobre todo las más postergadas históricamente por las decisiones nacionales, navegan por las aguas de la economía nacional casi sin el control del timón. El oleaje de la economía argentina las lleva, alternativamente, a las aguas calmas de la estabilidad y el crecimiento o a los torrentosos cauces de las crisis recurrentes.

Pero la subordinación y las restricciones que operan sobre la autonomía de las jurisdicciones subnacionales no pueden funcionar como una excusa eterna. Siempre hay instrumentos que se pueden utilizar para crecer, para desarrollar las potencialidades, y hay experiencias de algunos distritos que así lo demuestran. Tal vez, sin negar las limitaciones reales que existen, lo que se requiere son de políticas estratégicas que, si bien necesitan de recursos, dependen más de un buena formulación de los proyectos, organización y firmeza en la decisión para ejecutarlos.

 

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