EDITORIAL

Las escuelas como ámbitos inclusivos

viernes, 13 de septiembre de 2019 · 02:00


Las dificultades que tienen los niños que padecen patologías del espectro autista incluyen, en algunos casos, restricciones recurrentes para acceder incluso a la educación formal. En estos días se conoció un caso récord. La madre de un niño de 7 años denunció a través de los medios de comunicación que 43 colegios de la ciudad de Buenos Aires se negaron a recibir a su hijo con autismo. Algunos establecimientos educativos argumentaron falta de vacantes, pero otros tomaron la decisión de negar el ingreso del pequeño Vittorio luego de ver los informes que aludían a su condición.

Los diagnósticos de este tipo de trastorno se formulan cuando el niño tiene entre 3 y 4 años, es decir, antes del ingreso a la educación formal. Para el consejo de los especialistas, médicos pediatras o psicólogos, el chico debe concurrir a una escuela común para que tenga más posibilidades de integrarse. Sin embargo, la inmensa mayoría de los colegios y de los docentes no están preparados para abordar con herramientas eficaces esa integración. Como se ve, en muchos casos las autoridades escolares optan por el camino fácil: rechazar al niño autista.

En Catamarca no se advierte esta política de rechazo como algo sistemático, pero sí un déficit en la capacitación de docentes y autoridades educativas para saber cómo encarar los procesos inclusivos. De hecho, las maestras integradoras tienen una preparación especial para llevar a cabo esta tarea con chicos del espectro autista o con otros trastornos, o capacidades especiales, pero son muy escasas, lo mismo que los acompañantes terapéuticos.

Las dificultades que a diario enfrentan los chicos y sus padres han sido disparadores para la conformación de organizaciones que sirvan para acompañarlos y contenerlos. A nivel nacional existe la Fundación Brincar,  que tiene un sitio Web en el que hay cuadernillos con información sobre autismo que se pueden descargar de forma gratuita. Hay materiales sobre la detección temprana, sobre el desarrollo de las habilidades de las personas con padecen este trastorno y también sobre la integración educativa, entre otros temas.    En Catamarca, por su parte, funciona la Asociación de Padres de Personas con Autismo Catamarca (APPAC), que articula acciones con otras instituciones y organismos oficiales.

Los avances registrados en la difusión de la problemática –en la actualidad son muy pocos los que ignoran la existencia de este trastorno- deben complementarse con progresos normativos. En la ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, rige desde este año la ley de creación del Sistema de Vigilancia del Desarrollo Infantil para la Detección temprana de condiciones relacionadas con el Trastorno del Espectro Autista (TEA).

También resulta imperioso que las autoridades educativas, en todos los niveles de Gobierno, diseñen estrategias para que el personal educativo –directivos, docentes, preceptores- cuenten con las herramientas necesarias para el abordaje adecuado de estas problemáticas. Y que en consecuencia las escuelas se afiancen como ámbitos inclusivos y de contención.

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