EDITORIAL

Progresos indeclinables

miércoles, 11 de septiembre de 2019 · 02:00

Probablemente nunca se sepa cómo se gestó la idea. Es decir, quién o quiénes tuvieron la idea original o realizaron la propuesta. Y cómo se decidió, en definitiva, ponerla en práctica. De todos modos, esos detalles no interesan. Lo verdaderamente rescatable es que la iniciativa tuvo consenso generalizado aun cuando claramente rompe con la larga tradición de los jóvenes para septiembre, que además del mes de la primavera es el mes del estudiante.

Las jóvenes del Colegio Pía Didoménico y del Instituto Belgrano decidieron el pasado fin de semana no coronar a una reina del estudiante, sino premiar a todas las participantes. Lo anunciaron con un mensaje que expuso claramente las razones de la decisión, generando sorpresa entre los asistentes, en sintonía con una tendencia que viene creciendo en el país de cuestionar el sentido de los concursos de belleza, en tanto funcionan como eventos que destacan características superficiales de las participantes y no las que verdaderamente importan, virtudes que se relacionan con la solidaridad, la capacidad de dar amor, de empatizar con los que sufren.

Los estudiantes de ambos colegios se detuvieron especialmente en cómo afectan los modelos impuestos de belleza a las chicas que desean participar de estos eventos. El mensaje lo leyó el sábado una alumna: “Esta noche, los 6tos años del Colegio Pía Didoménico y del Instituto Belgrano decidimos coronar a todas las participantes. Queremos mostrar las críticas a las que somos expuestas por las apariencias físicas y la competencia, cómo termina afectándonos emocionalmente. Consideramos que un concurso, además de generar competencia entre nosotras, establece estereotipos de belleza irreales, provocándonos así infinidad de inseguridades”.

“A través de esto queremos decir que la belleza no sigue instrucciones. Belleza es diversidad de talles, colores y rasgos. Belleza es ser únicas en todos los sentidos. Belleza somos todos y todas”, finalizó. 

Otra decisión a tono con los tiempos que corren, en los que se considera una virtud la tolerancia en materia de diversidad sexual, es la suspensión de otro clásico de las fiestas estudiantiles: la elección del mariposón, instancia en la que chicos se disfrazan de mujeres, satirizando a la comunidad gay.

La postura asumida por las chicas implica un soplo de aire fresco y contrasta con otras actitudes que atrasan años. El septiembre de 2018, El Ancasti se hizo eco de un verdadero desatino, perpetrado en concursos de algunas escuelas locales: la elección de la “peor vestida”, que colocaba a la seleccionada en un lugar de escarnio innecesario a través de una decisión estigmatizante y, además, impregnada de elitismo. 

Y así como la elección de la peor vestida mereció el repudio casi generalizado, la decisión de cuestionar el sentido de los concursos de bellezas fue, en general, muy bien recibida. Por suerte, según parece, la conciencia respecto de hacer respetar el derecho de todas y todos registra progresos indeclinables. 
 

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