|| CARA Y CRUZ ||

Inútiles, pero no inocuas

Sancionadas en 2009 con el fin teórico de legitimar candidatos, las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) terminaron deslegitimando al presidente Mauricio Macri cinco meses antes de la conclusión de su mandato y sumiendo al país en un tembladeral de compleja resolución...
viernes, 23 de agosto de 2019 · 02:10

Sancionadas en 2009 con el fin teórico de legitimar candidatos, las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) terminaron deslegitimando al presidente Mauricio Macri cinco meses antes de la conclusión de su mandato y sumiendo al país en un tembladeral de compleja resolución. 

Las PASO no eran necesarias para definir candidatos nacionales, salvo excepciones muy circunscriptas, de modo que funcionaron como un plebiscito. El programa económico macrista fue despojado de sustento social por vía democrática, pero el obstáculo principal en este momento es la confusa localización del poder capaz de formular uno alternativo. 
Los 20 puntos de ventaja que le sacó la dupla Alberto Fernández-Cristina Kirchner a la oficialista Macri-Pichetto parecen irremontables. 

Desde una perspectiva formal, hay un presidente en ejercicio en competencia por su reelección. En los hechos, el poder ha comenzado a transferirse aceleradamente hacia Fernández, quien carece de atributos institucionales para tomar decisiones. 
Vale decir que la Argentina tiene dos presidentes. Uno tiene la potencia otorgada por un triunfo aplastante, inútil porque no puede realizarla en gestión. El otro se aferra a los atributos del mando para ver si se rearma en los dos meses que quedan hasta la elección del 27 de octubre y consigue acceder a la oportunidad del balotaje.

El conmocionante efecto político de las primarias no puede traducirse institucionalmente.

Es una suerte que ambos mandatarios hayan advertido la necesidad de procurar alguna estabilidad en tan extraordinaria circunstancia.
 

En Fernández habrá pesado la experiencia. Era subdirector general de Asuntos Jurídicos en el Ministerio de Economía cuando Raúl Alfonsín, estragado por la hiperinflación, tuvo que entregarle el mando a Carlos Menem seis meses antes de lo previsto, el 8 de julio de 1989. 

Al riojano le llevó dos años poner en caja la debacle económica que heredó. 

Una odisea semejante no debe ser atractiva para el ganador de las PASO. Sabe que renegociar los términos de la deuda y mantener abierta la canilla del financiamiento externo es ineludible, lo primero que tendrá que hacer cuando asuma, de manera que contribuir a un desmadre equivaldría a ponerse la soga al cuello. Tal vez azuzar la crisis le hubiera convenido para erosionar a su adversario electoralmente si las distancias hubieran sido más cortas, pero que Macri vaya a ser ratificado es una hipótesis que a nadie se le pasa por la cabeza. A Fernández le tocará lidiar con el desastre, así que no tiene motivos para acrecentarlo.

Conjeturas al margen, si la experiencia ha de servir de algo, sería saludable una revisión del sistema de primarias, de modo que se realicen solo en las categorías en las que hay competencia entre precandidatos. De otro modo, siempre estará latente la amenaza de que ocurra lo que ahora, que no había ninguna necesidad de votar para definir las fórmulas presidenciales pues se postulaba una sola por facción. A la objeción económica, atendible por los multimillonarios costos que demanda una elección inútil pero no inocua, se suma la política: conjurar el riesgo de una deslegitimación presidencial demasiado alejada del traspaso de mando.


La fijación de la fecha de las elecciones nacionales “dentro de los dos meses anteriores a la conclusión del mandato del presidente en ejercicio”, con eventual segunda vuelta “dentro de los treinta días” posteriores, fue establecida en la reforma constitucional de 1994 luego de la traumática experiencia alfonsinista. 

El radical, agobiado por una dinámica económica que se salía de madre, había adelantado los comicios al 14 de mayo. El candidato de su partido, Eduardo César Angeloz, cayó ante Menem. El vacío de poder se precipitó y aceleró la crisis. 
La malevolencia de los mercados huelga cuando el sistema institucional falla. n

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