|| CARA Y CRUZ ||

Conspiraciones y límites

Una de las lecciones de las PASO, al parecer no asimilada por algunos protagonistas del acontecer nacional, marca la conveniencia de cultivar la aptitud para la adaptación... 
jueves, 22 de agosto de 2019 · 02:05

Una de las lecciones de las PASO, al parecer no asimilada por algunos protagonistas del acontecer nacional, marca la conveniencia de cultivar la aptitud para la adaptación. 

El kirchnerismo advirtió que la grieta, de la que extraía dividendos asociado con el macrismo, había llegado a su techo, y que para expandir la base electoral era necesario buscar otras canteras conceptuales. Se adaptó a tal imposición de la realidad y Cristina Kirchner habilitó a Alberto Fernández, quien logró atraer la porción del padrón que hacía falta para derrotar a Mauricio Macri. 
Macri y sus nigromantes no se adaptaron, porfiaron en la grieta y así les fue. Harta de ser sometida a penurias económicas cuya exclusiva justificación era el riesgo del retorno k, descargó su lonjazo inapelable en las urnas.

Se insiste ahora con Alberto al gobierno-Cristina al poder. El kirchnerismo rabioso, sostienen los empecinados de la grieta, manipulará a Fernández y lo obligará de llevar adelante los desatinos más perjudiciales para el país y para sí mismo. El objetivo: acelerar su desestabilización y suplantarlo para imponer un régimen autoritario, tipo Venezuela. Peligra la República, claman los republicanos.

La cantidad de energúmenos que trafican a ambos lados de la fractura es tal que no conviene descartar del todo la hipótesis. No obstante, pueden consignarse algunas deficiencias en lo que concierne a su verosimilitud. La principal: se establece como si la voluntad de Cristina de Kirchner y sus acólitos, en caso de que estuvieran en efecto involucrados en tamaño complot, pudiera desplegarse con libertad absoluta, independientemente de los deseos y ambiciones del resto de los actores de la escena.
No se considera, por empezar, al electorado. 

Hay un componente significativo, quizás mayoritario, de votos kirchneristas en el caudal de la “doble Fernández”, pero la tajada decisiva no es kirchnerista. De no ser así, ¿para qué hubiera sido necesario colocar a Alberto como candidato a presidente? Incluso podría especularse con que lo votaron antikirchernistas renegados para quienes, al final, fue peor el remedio Macri que la enfermedad. 

Una pregunta interesante para los presuntos complotados pasa, entonces, por la tolerancia del electorado que les dio el triunfo hacia temeridades como las que les atribuyen desde la otra orilla, sobre todo cuando tal electorado se mostró tan eficaz para deslegitimar en un solo movimiento a quien lo decepcionó. 

Otro elemento que la teoría del complot omite es el peso político e institucional de los gobernadores. 

La debilidad institucional de Macri, en minoría en el Congreso, superpuesta a la fragmentación del peronismo luego de la salida de Cristina Fernández, los convirtió en interlocutores indispensables de la Casa Rosada. En tal marco, sacaron ventaja y ganaron mucha autonomía. Las provincias son superavitarias, mientras la Nación no.

Plantaron con criterios provinciales, sin intromisiones, sus representantes en el Congreso en las elecciones de medio término de 2017. Lo mismo hicieron ahora, que se renueva media Cámara de Diputados y un tercio del Senado, la mayoría luego de afianzarse en sus distritos en elecciones desdobladas. Su gravitación en la configuración del Poder Legislativo con el que el próximo Presidente tendrá que lidiar es muy importante.

Cristina Kirchner sería presidente del Senado y no es de ancas, es cierto. Pero de todos modos, si sus intenciones realmente fueran erosionar a Fernández, debería sumar a los mandatarios provinciales, sujetos cuya propensión al anarquismo es como mínimo dudosa.

Ayer hicieron sentir su peso. Rechazan que se le afecten las finanzas, unilateralmente y sin compensaciones, con medidas como la eliminación del IVA o la suba del mínimo para pagar Ganancias. Advirtieron que están dispuestos a tomar la vía judicial. Firmaron 19. 

Impulsos conspirativos puede haber, quién sabe. Otra cosa es que exista margen para una conspiración exitosa.

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