Editorial

Paradoja en el país de los alimentos

Cuando visita a otros países, y en el afán de motivar a los empresarios extranjeros...
martes, 20 de agosto de 2019 · 02:18

Cuando visita a otros países, y en el afán de motivar a los empresarios extranjeros para que inviertan en la Argentina, el Presidente Mauricio Macri suele señalar que nuestro país produce alimentos para 400 millones de personas. La cifra no es exagerada; sin embargo, resulta paradójico que, teniendo esa capacidad de producción, el hambre haya sido históricamente un problema.

El deterioro de los indicadores sociales se ha agravado notablemente en los últimos años. Según el informe «El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2019», elaborado conjuntamente por una serie de prestigiosas organizaciones internacionales, entre ellos la FAO de las Naciones Unidas, UNICEF y la OMS, la cantidad de personas que en nuestro país sufren «inseguridad alimentaria moderada o grave» pasó de 8,3 millones en el período 2014-2016 a 14,2 millones entre 2016 y 2018, lo que significa un aumento del 71 por ciento. Se trata de uno de los porcentajes de incremento del hambre más altos, solo comparable con los verificados en países como Níger, Tayikistán, Afganistán, Egipto, Sierra Leona y Botswana.

Este diagnóstico no incluye al año 2019, por lo que se infiere que el número de personas con hambre en Argentina es hoy aún mayor que el registrado en el estudio de mención. 

Más allá de las controversias que existen respecto de cuáles son las estrategias más eficaces para superar la crisis, los dirigentes con responsabilidades de gobierno deben llegar a algunos acuerdos básicos. Por ejemplo, garantizar que en nuestro país, en tanto productor en grandes cantidades, los alimentos sean baratos y puedan llegar a todas las mesas.

Daniel Arroyo, experto en desarrollo social, señaló la semana pasada que urge establecer un criterio para definir con claridad cuánto sale comer en Argentina. En sintonía con esta idea, Roberto Lavagna, candidato a presidente de la Nación por Consenso Federal, propuso la semana pasada que se declare la emergencia alimentaria, algo que también vienen reclamando las organizaciones sociales. 

El antecedente más cercano es el decreto 108, del 15 de enero de 2002, que declaró la emergencia alimentaria nacional hasta el 31 de diciembre de ese año, pero se fue prorrogando hasta la actualidad aunque el programa creado por el decreto destinado a la compra de alimentos, para la atención prioritaria de las necesidades básicas de la población de alta vulnerabilidad y en riesgo de subsistencia se fue desdibujando con el tiempo hasta quedar supeditado a otras estructuras creadas en los últimos 17 años.
Se presentan, entonces, dos desafíos: por un lado, desde una perspectiva asistencialista y de impacto inmediato, garantizar la vigencia de programas de comedores escolares o comunitarios que permitan que todos los argentinos tengan asegurado su plato de comida. Y por otro, desde una mirada estratégica, lograr, a través de mecanismos adecuados de política económica, que sea barato comer en la Argentina.

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