cartas al director

Enrique Santo Discépolo: con su talento enorme y su nariz

domingo, 11 de agosto de 2019 · 02:00

Señor Director:

 

Discepolín vivió apenas medio siglo (1901 - 1951) Pero ese tiempo le bastó para construir toda una historia de tango: dolor, amargura, desengaño. Era del Once y el quinto y último hijo de Santo, un músico italiano que soñaba con ser grande en Nápoles y - yira, yira-el mundo lo relegó a dirigir las bandas de la policía y los bomberos en el Buenos Aires de la inmigración pobre. Al siempre flaquísimo y diminuto Enrique lo apodaron “Discepolín” no solo por su endeblez física: también para diferenciarlo de Armando, el mayor, gran dramaturgo. Pero ese magro cuerpo y esa salud al borde de la cornisa contuvieron una imaginación explosiva. Fue compositor, poeta, actor, director de cine y de teatro, dramaturgo. Sin embargo, sus geniales letras de tango esfumaron todo lo demás. Y con justicia: alguien capaz de escribir: Uno, Cafetín de Buenos Aires, Tartirio, Yira, Yira, Tres esperanzas, y el inmortal Cambalache, ¿Necesita más? Su final fue doloroso: adhirió al peronismo, lo publicitó a través del personaje radial (Mordisquito), y no le quedó un solo amigo. Dicen que se murió de pena. Su esposa Tania, cuyo verdadero nombre fue Ana Luciano Davis, era toledana y cupletista y llegó a Buenos Aires, en gira, en 1927. Conoció a Discépolo y no se separó de él en los siguientes veinticuatro años. Muerto él en 1951, ella dedicó el resto de su vida a su memoria.

Una vida singularmente larga: murió ¡A los 105 años!

 

“Qué vachaché” - Su primer tango. Lo escribió en 1925 y lo estrenó Tita Merello:

Piantá de aquí, no vuelvas en tu vida

Ya me tenés bien requeteamurada.

No puedo más pasarla sin comida,

ni oírte así, decir tanta pavada.

¿No te das cuenta que sos un engrupido?

¿Te crees que al mundo lo vas a arreglar vos?

Si aquí ni Dios rescata lo perdido…

¿Qué querés vos? ¡Hace el favor!

Lo que hace falta es empacar mucha moneda,

vender el alma, rifar el corazón,

tirar la poca decencia que te queda,

plata, plata, plata … y plata otra vez…

Así es posible que morfes todos los días,

tengas amigos, casa, nombre…

¡Lo que quieras vos!

¡El verdadero amor se ahogó en la sopa!

La panza es reina, y el dinero Dios ¿Pero no ves gilito embanderado que la razón la tiene el de más guita?

¿Qué a la honradez la venden al contado,

y a la moral la dan por moneditas?

¿Qué hay ninguna verdad que se resista frente a dos pesos moneda nacional?

Vos resultas hacienda el moralista,

Un disfrazao... sin carnaval.

-Tirate al río! No embretes con tu conciencia

Sos un secante que no haces mi reír...

¡Dame puchero, guárdate la decencia,

plata, plata y plata … yo quiero vivir.

¿Qué culpa tengo si has piyao la vida en serio,

pasás de otario, morfás aire, y no tenés colchón?

¿Qué vachaché? Hoy ya murió el criterio

¡Vale Jesús lo mismo que el ladrón!

 

 

Mario Alonso

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