EDITORIAL

Los salteños del Balseiro

viernes, 19 de julio de 2019 · 02:09

Hay historias de la vida cotidiana que, por la impronta que dejan, están destinadas a funcionar como ejemplo a seguir. Por esa razón, dejan de ser una historia más, de las tantas que protagonizan hombres y mujeres comunes, para servir de modelo. Solo hay que saber descubrirlas, porque muchas de ellas permanecen durante mucho tiempo en el anonimato, sin lograr la trascendencia que se necesita para poder exhibirlas como un hecho digno de imitar.

Una de esas historias es la de Daniel Córdoba, un profesor jujeño, pero que vive en Salta, que a principios de la década del noventa armó "en la clandestinidad" un taller de física para adolescentes y jóvenes que ha tenido logros difíciles de replicar.
El taller cobró visibilidad, inevitablemente, a medida que estudiantes salteños empezaron a destacarse muy por encima de los alumnos de otras provincias. Innumerables premios en olimpíadas de física, participaciones en el mundial de esa rama de las ciencias y un porcentaje muy alto de salteños estudiando en el prestigioso Instituto Balseiro. El primer salteño ingresó a ese centro educativo en 1990, pero al cabo de varios años el 23% de los ingresantes totales a ese instituto eran salteños. Es decir, casi uno de cada cuatro. Un fenómeno solo explicable conociendo el taller de Córdoba, denominado "Física al alcance de todos".
Muchos de los que salieron del taller son hoy científicos, investigadores, profesionales relacionados con la física o docentes de esa materia.

El profesor Córdoba comenzó el taller hace casi treinta años sin reconocimiento oficial. Movido por la vocación de divulgar la física entre los adolescentes y jóvenes y ayudarlos a competir en las olimpiadas o a, simplemente, aprobar la materia en la secundaria, logró que los chicos se interesaran y las reuniones se volvieran cada vez más numerosas.
Chicos de todas las clases sociales se apasionaron durante estos años por la física a partir de ejemplos de la vida que funcionan como disparadores para aprender contenidos que luego se tornan complejos. "Antes que nada los chicos tienen que entender los fenómenos, por qué ocurren las cosas, la historia de los problemas, las ideas, los fracasos, las controversias. Recién después vienen los cálculos y las ecuaciones", explica el profesor. 

Hay un dato relevante: “Yo no tenía sueldo; con mis ayudantes, los chicos más grandes, teníamos un acuerdo tácito: ellos me ayudaban con los chicos más pequeños y yo los preparaba aparte para ingresar al Balseiro", comenta.
El reconocimiento oficial del taller llegó hace poco, cuando las autoridades educativas lo "descubrieron", gracias a las publicaciones en los medios salteños y regionales respecto de "los salteños del Balseiro". Córdoba ya no dicta el taller ad honorem y el dinero estatal ayuda a sostenerlo y a sumar más alumnos.

Si los ejemplos están para seguirse, los docentes de todo el país deberían aprender de esta experiencia virtuosa que viene ocurriendo en Salta desde hace casi tres décadas.