EDITORIAL

Malvinas y las omisiones deliberadas

jueves, 18 de julio de 2019 · 02:01

La polémica que generó una charla que dieron dos ex oficiales de la Fuerza Aérea que combatieron en Malvinas en el Colegio Nacional Buenos Aires, y que tuvo repercusión en algunos medios de comunicación con variadas interpretaciones, puede servir para reflexionar sobre aquella guerra, sus razones políticas, sus responsables, sus víctimas, sus héroes, y la deuda que aún tienen el Estado y la sociedad con los excombatientes.

La polémica se originó porque los disertantes se negaron a hablar del rol de la dictadura y las torturas que los soldados, jóvenes de entre 18 y 20 años, sufrieron por parte de los militares profesionales que conducían a las tropas argentinas. Argumentaron, tal vez desde su punto de vista con razón, que habían ido al colegio por otro motivo. El interrogante al respecto lo planteó el padre de un alumno de la institución educativa, que estuvo movilizado en aquel conflicto y que padeció, según dijo, apremios ilegales por parte de sus superiores, militares de carrera.

Hay poca unanimidad sobre esa guerra. Tal vez dos, bien definidas: la primera de ellas es que la soberanía argentina sobre el archipiélago no admite discusiones y que el reclamo nacional en ese sentido es legítimo y debe ser reivindicado e impulsado siempre, no importa el signo político del gobierno.

La otra es que la guerra fue impulsada por la dictadura militar para obtener oxígeno político y que la opción bélica no es una alternativa que deba reivindicarse. El camino es el reclamo permanente por vía diplomática.

Hay otros consensos en torno a Malvinas que deben atenderse: por ejemplo, el maltrato a soldados conscriptos, que, según lo indican todos los testimonios, pasaron hambre y frío extremos. Y, como lo revelan algunas causas que se ventilan en la Justicia, algunos de ellos fueron torturados durante el conflicto bélico por los propios militares argentinos. Dieciocho ex oficiales y suboficiales de las Fuerzas Armadas están imputados por haber “estaqueado” y “enterrado” a soldados durante el conflicto bélico, entre otros “tormentos y tratos crueles y degradantes.

Injusto sería, de todos modos, suponer que estas actitudes fueron generalizadas. Muchos militares de carrera dieron su vida heroicamente en el campo de batalla y fueron ejemplos y no victimarios para los jóvenes soldados que fueron llamados a combatir contra fuerzas armadas súper profesionalizadas y hasta contra mercenarios. El sargento catamarqueño Mario Cisnero es uno de ellos. Diferenciar a los héroes de aquellos que avergonzaron el uniforme que portaban es una necesidad histórica.

Que a casi cuarenta años de aquella guerra existan grandes vacíos de información, controversias sobre el rol que les cupo a las fuerzas armadas y, sobre todo, a quienes las comandaron, refleja que hubo ocultamientos intencionales respecto de lo sucedido, lo que impide cerrar del todo las heridas de aquel trágico conflicto.

Las víctimas, que no son solo los muertos en el campo de combate, sino también los familiares y los sobrevivientes, muchos de los cuales terminaron luego quitándose la vida, no se merecen las secuelas de estas omisiones deliberadas.