EL MIRADOR POLÍTICO

Retórica federal

domingo, 14 de julio de 2019 · 04:10

La retórica federal impregna la campaña. Se asiste al triunfo teórico de las montoneras barridas hace poco más de siglo y medio. Ninguna de las facciones litigantes osa cuestionar el credo de Felipe Varela, todas lo reivindican enfáticamente. Figuras condenadas por la historia liberal son incorporadas al panteón del procerato, envueltas en el halo romántico de los héroes. 
El federalismo tapa la grieta. No quedan en la Patria salvajes unitarios o al menos salvajes unitarios confesos.
Conviene recordar la gratuidad de la saliva. 

El ministro del Interior, Obras Públicas y Vivienda, Rogelio Frigerio, señaló en su última incursión por Catamarca que las provincias obtuvieron durante la administración Macri una autonomía financiera sin precedentes, parapeto de los gobernadores ante eventuales presiones inapropiadas del Poder Ejecutivo Nacional.

La aseveración del funcionario no admite objeciones. 
En la debacle económica general, el superávit de las cuentas provinciales es dato tan cierto como el déficit nacional y la espiral de endeudamiento. 

Sin embargo, también es cierto que tal circunstancia no obedece a que el Chacho Peñaloza haya reencarnado en Macri, sino a las particulares circunstancias en que tuvo que desarrollar su gestión. 
Carecía al asumir, carece y carecerá, en caso de lograr la reelección, de mayoría en el Congreso. Esta deficiencia institucional, que tenía como contrapartida la dispersión opositora –nadie tenía ni tiene mayoría en el Congreso- indujo tratativas sistemáticas con los Gobiernos provinciales, cuyos titulares suministraron los brazos necesarios para destrabar iniciativas parlamentarias indispensables en el programa del flamante oficialismo, a cambio de la contraprestación pertinente en términos de financiamiento para obras públicas.

Problema y solución
Frigerio es la personificación del escenario descripto. 
Al asumir, el porteñísimo macrismo tenía las dificultades políticas que enfrentaría tan claras como las herramientas para nautralizarlas: asignó al Ministerio del Interior de Frigerio la administración de Obras Públicas y Viviendas, monedas más atractivas que el dólar en el mercado proselitista donde trafican los caciques provinciales. 
Si con el kirchnerismo las gestiones tenían que dividirse en varias ventanillas burocráticas, sortear varias aduanas antes de coronarse, con el macrismo el trámite sería más simple: acordar con Frigerio.

Una evaluación ajustada de las propuestas políticas, demanda confrontar el legítimo entusiasmo que despiertan las consignas ideológicas con las conductas concretas. Se advertirá entonces que la mayor parte de los objetores del neoliberalismo avalaron en el Congreso, cuando las palabras debían traducirse en hechos, disposiciones de lo más neoliberales. El costo de la inconsistencia se compensó con recursos. Y de ahí viene el celebrado federalismo fiscal de Macri.
Como se ha dicho: hablar es gratis.

El “leading case” del federalismo macrista es la devolución progresiva del 15% de la coparticipación que se les retenía a las provincias desde 1992 para financiar la ANSES, pactada en 2016 en negociaciones entre los gobernadores y, justamente, Frigerio.
La Casa Rosada se abstiene de consignar que la concesión surgió en realidad de la conjugación de un fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que ordenaba cesar la detracción en los casos de Córdoba, Santa Fe y San Luis, tras la cual las demandas de las provincias para obtener igual trato se multiplicaron porque Cristina Fernández de Kirchner, todavía en ejercicio de la Presidencia, las liberó para proceder en tal sentido. Es decir: la Casa Rosada abrió una billetera que de todas formas iban a arrebatarle, y de paso cerró otros consensos con los beneficiarios de la forzada generosidad.

Federalismo repentino
Que Cristina Fernández habilitara los litigios provinciales contra el Estado nacional podría considerarse una prueba de sus convicciones federales, pero esta impresión se atenúa un poco en cuanto se advierte que tomó la decisión cuando ya tenía una pata afuera del poder y, sobre todo, que se privó de tomarla durante los ocho años que ejerció la Presidencia.
El amor que sus feligreses le profesan a la candidata a vicepresidente de Alberto Fernández no es suficiente para desconocer que, hasta que ella levantó la veda judicial, los gobernadores debían asistir cada tres meses a la Casa Rosada para renovar el acuerdo de refinanciación de las deudas que las provincias tenían con la Nación, refinanciación que estaba menos sujeta al cumplimiento de metas fiscales que la adscripción a las directivas políticas kirchneristas.
Marcar estos detalles cuando todo transeúnte político competitivo proclama a los cuatro vientos su fervor federal no persigue descalificar a nadie. 

La materialización de las intenciones políticas, nobles o canallas, depende de circunstancias que muchas veces, la mayoría, están más allá de la voluntad de los dirigentes.
Es notorio que la autonomía financiera de las provincias surgió de la vulnerabilidad política de un Gobierno nacional en minoría parlamentaria, acechado en el terreno electoral, y que tal autonomía no existió cuando el Gobierno nacional no padecía tales carencias. 

Esto marca lo relativo del federalismo declamado por tirios y troyanos a las puertas de las urnas: la fortaleza de los gobiernos provinciales solo es tal en comparación con un Gobierno nacional condicionado. Tal fortaleza relativa no alcanzó para siquiera comenzar revertir las trabas estructurales al desarrollo productivo del interior profundo, aunque haya bastado para que las administraciones provinciales garantizaran el cumplimiento de sus cadenas de pagos. 
El desafío del interior sigue intacto. Consiste en la construcción de poder regional real, consistente, que incorpore intereses distintos a los de la burocracia estatal, capaz de gravitar sobre las decisiones nacionales independientemente de la fortaleza o debilidad coyuntural de la Casa Rosada.

En la proliferación de las consignas federales, el peso electoral de la Pampa Húmeda, la concentración del padrón en CABA, provincia de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe es factor determinante en la asignación de recursos públicos que las provincias como Catamarca no han podido equilibrar. 

Habría que preguntarse cuán sólidas continuarían las convicciones federales de los postulantes a la Presidencia si el contexto político les permitiera utilizar más generosamente el chicote económico. 

La retórica federal impregna la campaña. No quedan salvajes unitarios o al menos salvajes unitarios confesos. Conviene recordar la gratuidad de la saliva. 

Habría que preguntarse cuán sólidas continuarían las convicciones federales de los postulantes a la Presidencia si fueran más libres para aplicar el chicote económico.