CARA Y CRUZ

Mecha encendida

viernes, 12 de julio de 2019 · 04:10

La conciliación obligatoria interrumpió el paro por tiempo indeterminado que el SOEM, una vez más, había activado en contra del plus médico. 
Tregua por 15 días, la mecha queda encendida. Si en ese lapso el municipio y OSEP no consiguen satisfacer las pretensiones del sindicato municipal, que son las de su secretario general, Walther Arévalo, el conflicto podría volver a estallar con virulencia en el tramo final de la campaña para las PASO del 11 de agosto, con eventuales perjuicios para el oficialismo en un distrito en el que la oposición juega la mayor parte de sus fichas. Arévalo lo tenía todo calculado. En el reinicio de las hostilidades, apeló a “los políticos” unos días antes de comenzar las medidas de fuerza.


"Esto está estudiado para darle la posibilidad a los políticos de que le encuentren una solución al problema. Nosotros el 10 comenzamos el paro, el 12 empieza el Poncho. Seguro van a dictar conciliación obligatoria, la conciliación va a terminar una semana antes del acto eleccionario del 11 de agosto. Que traten de encontrar una solución porque sino la acumulación de basura en las elecciones le puede cambiar el parecer a cualquier ciudadano”, dijo. 
“Así como ellos (los políticos)  utilizan cualquier artimaña para llevar sus votitos a las urnas, nosotros como trabajadores buscamos cualquier cosa para solucionar nuestros problemas y el problema de la salud necesita una solución urgente", cerró. 
El pretexto ahora, sancionada y reglamentada ya la previsiblemente inoficiosa ley “antiplus”, es que OSEP no pone auditores en clínicas y sanatorios para controlar que los médicos no exijan el adicional.


Lo que Arévalo no parece entender es que la pelea contra el plus es imposible de llevar adelante sin la participación de los afiliados a la OSEP a quienes los galenos les cobran. Incluso con un ejército de auditores de la obra social fiscalizando a los profesionales de la medicina resultaría inútil si en el desarrollo del proceso administrativo, llegado el caso judicial, abierto para sancionar al contraventor, el perjudicado se negara a dar testimonio de la exacción. 
Si procediera sin la denuncia concreta, OSEP tendría que afrontar el riesgo de juicios en su contra.
Arévalo, de tal modo, marra en su estrategia. Es curioso que no lo advierta tras el fracaso de la ley antiplus por la que se cansó de incordiar a todo el universo político y a los vecinos de la Capital, con los resultados que están a la vista: el plus sigue tan rozagante como antes de la norma y podría pensarse que todavía más, pues los médicos tendrán en cuenta que es letra muerta.
¿Qué puede surgir de las negociaciones que se desarrollen bajo la presión de un paro que tendría impacto electoral pernicioso para el oficialismo? Quizás le den el gusto a Arévalo y pongan nomás auditores en clínicas y sanatorios, todo sea para pasar los comicios sin tener que soportarlo como moscardón en la oreja. Pero ocurrirá luego lo mismo que con la ley antiplus -es decir: el régimen de auditores no servirá para su propósito- y en unos meses más volvería a arder la furia arevalista.

El interrogante que tal vez el sindicalista debería plantearse, a fin de encarrilar su combate por sendas tal vez menos estentóreas, pero seguramente más razonables, es por qué los pacientes no denuncian a sus médicos por el cobro del plus. Llama la atención que, siendo la práctica tan extendida, y la controversia tan visible, no haya un aluvión de denuncias.
Si Arévalo consiguiera reunir una cantidad importante de perjudicados por el plus dispuestos a plantear las denuncias, su pelea tomaría otro cariz y otro volumen. Pero claro, alcanzar tal objetivo es un poco más complejo que convocar al paro y vociferar consignas. 

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