EDITORIAL

País macrocefálico

jueves, 11 de julio de 2019 · 04:47

A través de una publicación en el Boletín Oficial, el Gobierno nacional oficializó ayer el llamado a licitación para la construcción de un gasoducto que conectará el sur de Neuquén, provincia donde se encuentra el yacimiento de Vaca Muerta, con la de Buenos Aires. La obra permitirá un mayor abastecimiento de gas natural particularmente a la zona del Gran Buenos Aires.
Solo el tramo inicial de la mega obra costará alrededor de 1.200 millones de dólares.

La obra, de concretarse finalmente, será congruente con la tradicional tendencia argentina, que se remonta al diseño pergeñado con la organización nacional, a mediados del siglo XIX, de orientar el grueso de la inversión hacia el puerto y sus alrededores, consolidando un país macrocefálico y absolutamente inequitativo. 

La argumentación para explicar la obra es previsible: hay que llevar obras, servicios, energía… a donde está el grueso de la población, que habita esos lugares, pero además vota.
Esos fundamentos son fácilmente refutables. Si la distribución de los recursos destinados a la inversión pública fuese ecuánime, tendríamos un país mucho más equilibrado que el que existe actualmente, y se evitaría la migración permanente de los pueblos del interior hacia las grandes capitales.

Se trata de un círculo vicioso: la gente se muda a las ciudades porque allí está el grueso de la inversión pública en infraestructura y servicios. Y a medida que más gente se muda a las ciudades por esta razón, más inversión pública en infraestructura y servicios se necesitan en esos lugares.

Los países que tienen una visión estratégica distribuyen la inversión pública según criterios relacionados con un desarrollo equilibrado, aprovechando las potencialidades de cada región. En Argentina eso no sucede. Y está a la vista.
No es un problema solo del actual gobierno, que canaliza el grueso de las inversiones hacia las jurisdicciones demográficamente más importantes, que además gobierna.

El kirchnerismo tuvo una tendencia similar, con algunos beneficios especiales para las provincias patagónicas, particularmente Santa Cruz, por obvias razones. Y lo mismo pasó con el menemismo y La Rioja.

Es indispensable pensar el desarrollo nacional desde un proyecto integrador, federal y equilibrado, volcando recursos de la inversión pública en las regiones menos desarrolladas, de modo de evitar las corrientes migratorias hacia las metrópolis. Lo mismo hacia adentro de las provincias. La concentración demográfica en el Valle Central de Catamarca, con regiones de la provincia prácticamente deshabitadas, obedece al mismo problema de fondo. 

La noticia del gasoducto para Buenos Aires puede ser una buena noticia… para los porteños y los bonaerenses, pero no para los habitantes, por ejemplo, del norte argentino, que observan cómo pasan los gobiernos y las expectativas de desarrollo se quedan en vanas promesas sin realizaciones concretas que ayuden a alimentar esperanzas. 

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