EDITORIAL

Mentiras de la política

domingo, 16 de junio de 2019 · 04:09

Según puede apreciarse a diario, el problema de las fake news no se restringe solo a las redes sociales. Lamentablemente algunos medios de comunicación, por impericia, falta de profesionalismo o intencionalidad política, suelen difundir noticias falsas, de dudosa procedencia o sin fuente que la respalde.

Pero más grave aún es cuando la propia dirigencia de los partidos políticos es la responsable de emitir o difundir este tipo de información sin sustento en la realidad. Lamentablemente hemos asistido en la Argentina de los últimos tiempos a escenas inverosímiles en las que encumbrados dirigentes e incluso funcionarios públicos del más alto nivel mencionan en sus discursos o declaraciones en medios masivos datos que no se corresponden con la realidad y que cualquier persona con un mínimo de sentido crítico puede corroborar con tan solo chequear fuentes responsables serias.

La escasa importancia que en muchas ocasiones se le asigna, aún desde la función de Gobierno, a la verdad objetiva de los hechos, se manifiesta por ejemplo en la distorsión deliberada de las estadísticas oficiales por parte del Gobierno nacional anterior. Los registros inflacionarios que no se correspondían con la evolución real del índice de precios y la subestimación de la pobreza y la indigencia son ejemplos palpables de la manipulación interesada de la información oficial.

El Gobierno nacional actual no se ha llevado mejor con la verdad: sus funcionarios, e incluso el presidente de la Nación, suelen sostener con énfasis posiciones que se resquebrajan rápidamente al contrastarla con la realidad. También lo ha hecho respecto de la pobreza. Los primeros seis meses de su mandato, cuando se provocó una devaluación de casi el 50%, como el fuerte incremento de los precios no estuvo acompañado de un aumento de los salarios, aproximadamente un millón y medio de personas cayeron bajo la línea de pobreza, según los informes producidos por la Universidad Católica Argentina. Sin embargo, cada vez que el gobierno habla de la pobreza heredada la empieza a contabilizar desde agosto de 2016, omitiendo la que generó con sus propias políticas en aquel fatídico primer semestre.

Las mentiras de la política, que no son solo interpretaciones sesgadas de la realidad sino, lisa y llanamente, distorsiones mal intencionadas, son tanto o más peligrosas que las fake news que se masifican por redes sociales, porque dañan notablemente la credibilidad de quienes nos representan o aspiran a hacerlo.

Se han vuelto tan comunes que hasta hay organizaciones que se dedican a señalar públicamente a través de sitios web la veracidad o no de lo que los actores políticos dicen. 

En un mundo donde las nuevas tecnologías han multiplicado de manera formidable las fuentes y los canales de información, deben los ciudadanos analizar críticamente los mensajes de contenido político que se difunden, particularmente en tiempos electorales, en los que, con tal de captar votos, se sostienen como verdades datos que a poco de contrastarlo con la realidad se revelan como falsos.

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