CARA Y CRUZ

El factor Lavagna

viernes, 14 de junio de 2019 · 04:10

La inquietud que produjo en el oficialismo provincial el lanzamiento de la precandidatura a gobernador de Luis Barrionuevo se profundizó tras el anuncio de la fórmula presidencial Roberto Lavagna-Juan Manuel Urtubey, que precipitó en Catamarca el reinicio de las turbulentas relaciones entre el gastronómico y el senador nacional Dalmacio Mera, primo hermano del gobernador salteño e integrante de relieve en su espacio.

La idea de que el movimiento del sindicalista era en realidad presión tendiente a obtener espacios en las listas del Gobierno, para sí o para sus feligreses, ya era precaria antes del pacto de la tercera vía. 
Como principal promotor de la candidatura de Lavagna, Barrionuevo tenía muy poco margen para desertar en Catamarca, su territorio, y migrar hacia un oficialismo monolíticamente alineado con Cristina Fernández de Kirchner. 


Era difícil imaginar que botín hubiera sido lo suficientemente tentador para él como para empujarlo a dar semejante salto, después de los esfuerzos que había erogado para posicionar al ex ministro de Economía. Más lógico resultaba concluir que su autoproclamación y el anuncio de que armaría en toda la provincia se debían menos a la apetencia por algún espacio en el diseño de las candidaturas locales o eventuales enclaves en el gabinete del futuro gobierno provincial, que al compromiso de dar contenido local a un proyecto nacional en el que se enroló desde un principio. 
Las esperanzas en el oficialismo se sostenían, no obstante, aunque de unas hilachas muy frágiles.
La fórmula Lavagna-Urtubey confirmó los peores presentimientos en el Gobierno. Barrionuevo y Mera podrán tal vez detestarse, pero son profesionales de la política y jugarán juntos para nutrir las urnas de sus referentes, empresa para la que les resulta indispensable la tracción de una estructura de candidatos provinciales que contribuyan a la fiscalización de los comicios, más allá de los pocos o muchos votos que puedan aportar. 
El pase a las filas de Lavagna de la diputada nacional Graciela Camaño, una de las espadas principales de Sergio Massa, volcado al kirchnerismo, robustece la hipótesis de que la arremetida barrionuevista en el territorio provincial no tiene retorno.


Es un problema grave para el Gobierno. 
A diferencia de lo que ocurre a nivel nacional, donde se estima que Lavagna distraería más votos macristas que kirchneristas, en Catamarca los pescadores de Barrionuevo y Mera navegarán en aguas del electorado peronista.
Esto desafía al oficialismo y lo obliga a revisar la configuración de sus candidaturas. 
El espacio para audacias y experimentos en lugares visibles como la Vicegobernación y, muy particularmente, la Intendencia de la Capital, se le ha achicado drásticamente. 

Venía cómodo adelante, sin chicotear; ahora tiene que ampliar su competitividad. Otorgar ventajas podría resultarle muy costoso, sobre todo ante ventajeros tan consumados dispuestos a partirles el voto. 


El cierre de los postulantes hacia afuera debe complementarse cuidadosamente con un cierre hacia adentro, pues Barrionuevo, aliado con Mera y con el concurso del diputado provincial Hugo Ávila, abre una ventanilla muy atractiva para que fichen peronistas disconformes o interesados en posicionarse en la reyerta interna para después de las elecciones, que podrían abrir la era del pos-corpaccismo. 

El riesgo se mantendrá después de las PASO, independientemente de los resultados que obtengan en ellas los alfiles provinciales de Lavagna y Urtubey. 
Pensar lo contrario es confiar excesivamente en la máxima “el que gana conduce y el que pierde acompaña”, reiterada con insistencia inversamente proporcional a su cumplimiento.

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