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CARA Y CRUZ

La prefiguración de Corpacci

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9 de mayo de 2019 - 04:03 Por Redacción El Ancasti

Condicionado por el volumen que ha tomado la discusión por la tarifa energética, el Gobierno provincial busca revitalizar el debate por la reforma de la Constitución provincial, bandera que Lucía Corpacci, nadie puede negarlo, ha enarbolado a lo largo de sus dos mandatos con un énfasis que registra pocos precedentes.
La mandataria insistió con el eje en su informe a la Asamblea Legislativa del 1º de Mayo y esta semana bajó la orden a sus diputados de empezar a operar para instalar el tema en la agenda. El objetivo de máxima (ver página 2 de esta edición) sería elegir convencionales constituyentes en las elecciones de octubre. De mínima, en el más que probable caso de que no se obtengan los consensos parlamentarios para proceder con la reforma, se baraja la alternativa de meter en esa fecha un plebiscito que refuerce la prédica oficialista y confronte al FCS-Cambiemos con sus contradicciones.


La oposición será desafiada con un asunto que le resulta incómodo. Los argumentos que empleó para negarse a la reforma desde que a Corpacci se le ocurrió impulsarla tienen escasa consistencia. La reticencia parece inscribirse más bien en una estrategia tendiente a impedir que la mandataria incorpore a su capital político el activo institucional de haber terminado con la reelección indefinida, mácula institucional que rige desde la reforma saadista de 1988 y que el FCS se abstuvo de erradicar, porque no pudo a veces, porque no quiso en otras ocasiones, en dos décadas de Gobierno. Con un aditamento: Eduardo Brizuela del Moral fue el único mandatario que pretendió usufructuarla, con los resultados conocidos.
El resultado de esta estrategia opositora, sin embargo, no ha sido el esperado.
Corpacci  retiene la iniciativa reformista, concrétese o no la enmienda, pero además continúa a la cabeza de las encuestas por distancias siderales respecto de cualquiera de sus eventuales contendientes y, por esto mismo, en condiciones de intentar un tercer mandato.


En un análisis contrafactual, probablemente el escenario electoral sería menos arduo para los radicales en este momento si hubieran accedido a la reforma.
En una hipótesis, porque Corpacci, la más competitiva de las figuras oficialistas, no sería candidata por impedimento de la Constitución reformateada por su propia iniciativa. En otra, porque su competitividad se hubiera visto afectada si durante el proceso reformista trataba de interponer alguna cláusula que le permitiera seguir o, peor, en tal empeño tratara de forzar ahora interpretaciones leguleyas con la misma meta.
Esto, por no especular con las turbulencias intestinas que se hubieran desatado en el oficialismo llegado el caso, puesto que si la posibilidad de la re-reelección le hubiera sido clausurada a Corpacci allá lejos y hace tiempo, las peleas por la sucesión se hubieran desencadenado mucho antes, tal como ocurre con la sucesión del intendente Raúl Jalil, impedido de postularse a otro mandato por la Carta Orgánica, en la Capital.
En gran medida, la propia oposición, con su cerrada negativa a la reforma, prefiguró a esta Corpacci que le inclina la cancha en contra, incluso cuando todavía no ha definido en público si se jugará a otro período o abdicará de la candidatura a favor Jalil. Abdicar es el término justo: Corpacci está en inmejorables condiciones para ir por la reelección.


Por supuesto, no todo está dicho. Ninguna victoria está escriturada de antemano, mucho menos en escenarios tan dinámicos como el que se atraviesa, y las acechanzas al oficialismo no son para subestimar.
Sin embargo, las ostensibles dificultades que tienen el radicalismo y sus socios son consecuencia de sus propias especulaciones, acaso sus mezquindades. La porfía en la resistencia a la reforma contribuyó a la construcción de la solidez de su adversario. Un error que no deja de serlo aunque su incidencia esté por verse. Si el FCS-Cambiemos gana en octubre, no habrá de ser seguramente por antirreformista.

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