jueves 29 de septiembre de 2022

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EDITORIAL

La confianza no se pide prestada

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5 de mayo de 2019 - 04:09 Por Redacción El Ancasti

Ante la gravedad de la crisis y la orfandad de resultados, el presidente Mauricio Macri tuvo que llamar a un sector de la oposición, ciertamente no el mayoritario, para acordar diez puntos básicos que garanticen que su Gobierno llegara a las elecciones sin que la situación económica, y por ende social y política, se desmadre peligrosamente.

Tarde se acordó, y por necesidades acuciantes, de lograr acuerdos estratégicos básicos. Debería haber convocado a un diálogo amplio y sincero, sustentado en acuerdos de largo aliento y de cumplimiento estricto, el primer día de gobierno. Su vocación por la apertura fue más marketing que otra cosa. Las decisiones siempre se tomaron en una mesa chica, en la que generalmente quedó afuera hasta el radicalismo, el partido político que le puso al triunfo del Pro toda su estructura partidaria nacional y hasta su militancia.

En general, los gobiernos que tuvo la Argentina desde la recuperación de la democracia, tal vez con la sola excepción del de Raúl Alfonsín en acotados momentos políticos, no se han caracterizados por la apertura al diálogo con la oposición. El kirchnerismo fue la expresión más acabada de la ausencia de esa vocación. Por eso, el macrismo tenía la oportunidad de diferenciarse positivamente, pero los cambios fueron más discursivos que de fondo.

El otro problema es que los puntos para el acuerdo no fueron discutidos ni consensuados con los opositores convocados, sino presentados para que los dirigentes del peronismo moderado solo pongan la firma. Y las consignas contenidas no son otra cosa que diez títulos que sintetizan la orientación del actual plan de gobierno. 

Resulta evidente que lo que el gobierno nacional necesita es el respaldo de la oposición para que “el mundo” confíe en su plan de Gobierno. Pero la confianza no se puede pedir prestada, mucho menos a un puñado de dirigentes que representan electoralmente, según todas las encuestas conocidas, a una porción muy minoritaria de la población argentina. Con el kirchnerismo y los partidos de izquierda ni siquiera invitados, y sin el apoyo de Lavagna y Sergio Massa, que ya criticaron la convocatoria, el 90 por ciento de la oposición, por lo menos, quedará afuera de este “acuerdo nacional”.

Nada se dice en los diez puntos de cómo encarar un desarrollo productivo sustentable, pero sí, en cambio, de asegurar el cumplimiento de las obligaciones con los acreedores o lograr y mantener el equilibrio fiscal, que por cierto es necesario, pero basado en el crecimiento de la economía y no en el ajuste permanente. Además, se sugieren cambios legislativos promovidos por el FMI, como las reformas laborales y previsional.

La limitada y muy direccionada convocatoria presidencial no parece tener buenos augurios. Los consensos se construyen trabajosamente y son amplios e inclusivos. Para lograrlos debe convocarse a todos los sectores, aún los que piensan muy diferente -ya sabrán esos sectores si se suman o no, pero la invitación debe formularse-, y escuchando también las propuestas opositoras, que es lo que los gobiernos no suelen hacer. 

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