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EDITORIAL

Chicanas

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30 de mayo de 2019 - 04:09 Por Redacción El Ancasti

En una política en la que las chicanas están a la orden del día, así como desde el oficialismo se regodean con los videos en los que Alberto Fernández critica con dureza la gestión presidencial de Cristina Kirchner, opositores se solazan con la foto en la que Nicolás Dujovne, cuando era analista económico en un programa de televisión, mostró a la pantalla un cartel que decía: “No volvamos al Fondo”. Aludía, claro, al Fondo Monetario Internacional

La escena en cuestión fue en 2016. Dos años después, ya como ministro de Hacienda, Dujovne fue el que terminó de acordar con el FMI para lograr fondos frescos que evitaran el colapso económico. Ese acuerdo cumplió un año en mayo y si bien le permitió sobrevivir al gobierno de Cambiemos en un proceso de fuerte depreciación del peso y cierre del crédito internacional, el balance arroja resultados parciales muy negativos.

En oportunidad de aquel programa de televisión de 2016, Dujovne explicó que no era mala idea acordar con el Fondo desde el punto de vista económico, pero que el gobierno que promoviera ese acercamiento iba a pagar un alto costo político. Es que la fuerte incidencia que tuvo el organismo internacional en la crisis de 2001 era un recuerdo todavía muy vivo entre los argentinos.
Demasiado apresurado sería pronosticar cómo será recordada la participación del FMI en este etapa. Sin embargo, un estudio elaborado por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) corrobora el deterioro de casi todos los indicadores económicos financieros. En mayo del año pasado el dólar mayorista cotizaba 22,76 pesos, mientras que un año después rondaba los 45 pesos. La tasa de referencia pasó del 40 por ciento al 73 por ciento, el riesgo país de los 489 puntos a los 917, la ratio deuda/PBI se elevó del 57,10 por ciento al 86,20 por ciento y los trabajadores registrados disminuyeron de 6.281.000 a 6.121.000.

Un dato positivo que muestran desde el gobierno es que por primera vez desde 2011 en el primer cuatrimestre de este año hubo superávit primario –es decir, antes del pago de los intereses de la deuda-, el que alcanzó los 499 millones. Lo que no señalan es que computando esos pagos el déficit trepa a los 66.000 millones en el mismo mes.  Es decir, el equilibrio fiscal logrado por el ajuste en las cuentas del Estado queda totalmente desvirtuado por el déficit que genera el crecimiento exponencial de la deuda contraída en los últimos tres años.

La calma en la que ha ingresado el dólar en el último mes le permite un respiro al Gobierno, pero no logra ocultar el peligro que enfrenta la economía argentina, que para subsistir tuvo que contraer una deuda que será muy difícil de pagar, conclusión a la que se arriba si se analizan los vencimientos de los próximos años. No en vano Argentina acaba de ser declarado, en el ranking de la competitividad, el tercer país peor del mundo.

De modo que la dirigencia política, en vez de entretenerse en chicanas inconducentes de campaña, debería empezar a elaborar una propuesta seria y consistente para explicarle a la ciudadanía como saldrá esta vez del atolladero.
 

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