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Editorial

La inequidad comienza en la escuela

En tono de campaña electoral, Mauricio Macri fustigó días pasados el programa Conectar Igualdad...

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29 de mayo de 2019 - 04:18 Por Redacción El Ancasti

En tono de campaña electoral, Mauricio Macri fustigó días pasados el programa Conectar Igualdad, creado durante el Gobierno anterior y que la actual gestión de Cambiemos empezó a desmantelar en 2016 y terminó de liquidar el año pasado.

El actual presidente, contradiciendo declaraciones anteriores suyas que ensalzaban este tipo de planes de inclusión digital –debe recordarse además que como jefe de Gobierno lanzó en la ciudad de Buenos Aires un programa similar, el Plan Sarmiento-, se preguntó durante un acto en Bragado: “¿De qué servía repartir computadoras si no había conexión a Internet?”,  ensayando luego una insólita comparación con el reparto de asado para quienes no tienen parrilla. 

Las razones que tuvo el Gobierno nacional para liquidar el programa son de índole presupuestaria, no vinculadas a presuntos déficit de su funcionamiento. Lo cierto es que al extinguirse, 800.000 alumnos de todo el país dejaron de recibir su netbook. El recorte también alcanza a otros programas educativos vinculados a la tecnología, como por ejemplo el Plan de Educación Digital o el Programa Innovación y Desarrollo de Formación Tecnológica.

El Conectar Igualdad había sido distinguido en 2012 por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo y la Organización Iberoamericana de Juventud como una de las “20 Buenas Prácticas en Políticas Públicas para la Juventud” en la región.

Si bien es cierto que son muchas las escuelas que en la Argentina carecen de conectividad –dotarlas de ella es un proceso lento y costoso-, entregar a los estudiantes de la escuelas secundarias sus propias computadoras, con programas de mucha utilidad para la enseñanza, constituyó un avance para acortar la brecha digital entre las educación pública y la privada. 

Por otra parte, si el problema era que en una alta proporción las computadoras entregadas gratuitamente a los alumnos no tenían conexión a internet, el sentido común indica que la solución era incorporar conectividad a las escuelas, pero de ninguna manera dejar de entregar netbooks.

Desde la liquidación del programa, la brecha ha vuelto a ensancharse. Son cada vez más las escuelas privadas que cuentan con aulas multimedias, computadoras para cada alumno, conexión wifi y otros adelantos tecnológicos de los que carecen los establecimientos estatales.

Además, los alumnos de la educación privada provienen por lo general de sectores económicamente acomodados que de por sí tienen un acceso a la tecnología muy superior a los de los sectores medios y bajos, que habitualmente concurren a las escuelas estatales.

Acortar las brechas que generan desigualdad es siempre un desafío para todos los gobiernos: en materia de riqueza, de distribución del ingreso y también de desarrollo tecnológico. Los alumnos que no acceden a las nuevas tecnologías, o lo hacen parcialmente, arrancan mucho más de atrás que los que sí cuentan con esos recursos, y tienen muchos más escollos al momento de acceder al mundo laboral. La inequidad, entonces, comienza en la escuela.

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