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Cara y Cruz

Defendiendo el pellejo

La ratificación de la permanencia en la alianza Cambiemos de la Unión Cívica Radical era...

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29 de mayo de 2019 - 04:20 Por Redacción El Ancasti

La ratificación de la permanencia en la alianza Cambiemos de la Unión Cívica Radical era el resultado de la Convención nacional no solo previsible, sino lógico desde un punto de vista utilitario, siempre más adecuado que las perspectivas ideológicas para entender los movimientos políticos. 
Seguramente a los radicales les gustaría estar en un barco menos escorado, pero su instinto de supervivencia no falla: los mayores perjuicios de la debacle, si el oficialismo nacional no la remonta, los padecerán los socios del PRO macrista y la Coalición Cívica de Elisa Carrió. 
La meta boinablanca en esta instancia pasa por mantener e incrementar, de ser posible, representaciones institucionales: legisladores nacionales y provinciales, concejales, intendentes. Y las gobernaciones, por supuesto. 


Dar el salto a otro espacio, en el caso de que los aceptaran, supondría entrar en negociaciones por las candidaturas con los nuevos aliados, con muy inciertos resultados. 
El paño de Cambiemos les ofrece más ventajas. Las estrategias diseñadas por la Casa Rosada para las elecciones provinciales han tenido resultados deplorables. El PRO y la Coalición Cívica perdieron mucha autoridad política para imponer criterios y candidatos a dedo. En el encadenamientos de derrotas, se destaca el derrumbe cordobés, donde las desatinadas intervenciones de los delegados macristas y la demoledora Carrió transformaron en catástrofe una caída digerida de antemano ante el gobernador Juan Schiaretti.
Esta debilidad de la cúspide de la alianza, sumada al pronunciado retroceso de la imagen del presidente Mauricio Macri, mejora su posición interna relativa: exigen más poder y más espacio. Malas noticias para quienes cifran todas sus expectativas en los respaldos que obtengan en los despachos nacionales: los radicales serán muy reticentes y tienen a mano el recurso de las PASO para neutralizar caprichos.
El razonamiento es sencillo: los fracasos de las alquimias nacionales se pagan sobre el cuero radical. Un vez más Córdoba: la UCR resignó la Capital, su bastión en el reino schiarettista. 


Ya antes de la Convención lo advirtieron los intendentes catamarqueños, que en el despegue sostienen la necesidad de “provincializar” los comicios. Macri es una mochila de plomo y están dispuestos a cortarlo si los resultados en sus distritos –sus reelecciones, en rigor- se ven amenazados más de lo tolerable.
El convencional nacional Roly Ibáñez, de la Corriente Progresista Radical que lidera el ex diputado José “Chichí” Sosa, redondeó la advertencia el lunes.
“En Catamarca tenemos uno de los candidatos impulsado por Lilita Carrió, cuando el radicalismo tiene el 95% de los votos de Cambiemos en la provincia”, disparó contra el diputado Rubén Manzi tras señalar que los radicales catamarqueños no quieren que la Nación meta la cola en las tratativas locales.


El temor de la UCR local es fundado. Se sabe que la apuesta más fuerte es recuperar el gobierno de la Municipalidad de la Capital, aprovechando que Raúl Jalil no puede ir por un tercer período.
Los últimos sondeos marcan que la dupla Lucía Corpacci- Raúl Jalil, que funcionó eficazmente en dos elecciones con ella como postulante a Gobernadora y él en la Intendencia, sigue traccionando muy fuerte, en cualquier orden que vayan en la boleta: basta que los dos nombres figuren en la propuesta del FV, no importa en qué cargo, para que la sinergia se active. Y las distancias con el resto de las combinaciones son abismales.
Las mismas encuestas confirman el derrumbe del presidente Macri también en la Capital. El espacio de los macristas locales para presionar sobre la UCR se angosta hasta el anonadamiento.
Lo consignó un viejo radical, curtido en cascoteadas: una cosa es pagar con cargos los desaciertos propios, por muy graves que sean, y otra muy distinta es poner el traste para cubrir errores ajenos.n

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