Editorial

Respuestas dignas a la crisis

No es estrictamente una fábrica recuperada, pero expresa el mismo espíritu: la lucha...
martes, 28 de mayo de 2019 · 04:18

No es estrictamente una fábrica recuperada, pero expresa el mismo espíritu: la lucha de los trabajadores, que un día se encontraron con la cruel noticia de la pérdida del empleo, para resistir, no bajar los brazos e intentar mantener la fuente laboral a partir del oficio aprendido.

La noticia esperanzadora es que un grupo de mujeres que trabajaban en la fábrica Tileye, que confeccionaba ropa interior y que cerró sus puertas por la crisis económica el año pasado, tomó la decisión de conformar una cooperativa y continuar con un emprendimiento textil propio. Son las mismas que estrecharon lazos durante el acampe realizado en las puertas del desaparecido establecimiento en ruta provincial 33 en Sumalao, en las jornadas posteriores al cierre. Y de esa experiencia tomaron impulso para resolver continuar unidas y ser las dueñas de su propio trabajo.

Consiguieron, luego de algunas gestiones, un lugar para trabajar en las instalaciones de la Cooperativa Textil San Fernando del Valle, y ya entregaron el primer pedido de prendas de vestir mientras siguen capacitándose en el oficio.

"Nosotras somos mujeres de trabajo, no nos íbamos a rendir y nos organizamos y aquí estamos pensando nuestro próximo paso, que es confeccionar talles grandes para mujeres como nosotras. Por ahora nos ayudan nuestras familias y amigos nos piden prendas, pero más adelante pensamos tener nuestro propio taller, vender las prendas en un local y estar constituidas como dice la ley. Sabemos que tendremos que dejar estas instalaciones que nos prestan", señala Ofelia, una de las trabajadoras.

Este tipo de emprendimientos solidarios son muy comunes en épocas de crisis. En la que hizo eclosión en 2001-2002, como consecuencia del cierre de numerosas fábricas y otros establecimientos comerciales florecieron las empresas recuperadas. Los trabajadores de esas firmas, quebradas y abandonadas por sus dueños, asumieron la responsabilidad de sostener la producción y consecuentemente los puestos de trabajo. Fueron más de 500 las recuperadas, la mayoría de las cuales lograron subsistir e incluso crecer desde entonces.

Si bien este tipo de experiencias son también frecuentes en otros países de Latinoamérica, es en Argentina donde el movimiento de empresas o fábricas recuperadas es más fuerte. 

Con la agudización de la crisis en los últimos años, casos de esta índole vuelven a incrementarse. El último a gran escala conocido públicamente, y en un rubro inusual, es el del ex laboratorio Roux Ocefa, cuyos trabajadores decidieron continuar con la explotación de dos plantas ubicadas en la ciudad de Buenos Aires. Cuando empiece a funcionar, se convertirá en el primer laboratorio recuperado del mundo.

Las mujeres que trabajan en Tileye y ahora conforman una cooperativa han decidido emprender el camino de la autogestión como un modo de ganarse la vida. Es un ejemplo a imitar, que requiere, al menos en el impulso inicial, el apoyo estatal. Son respuestas dignas a una crisis que agrede cada día el tejido social. 

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