EDITORIAL

Árboles para la salud y la vida

lunes, 27 de mayo de 2019 · 04:00

“Nos estamos devorando el planeta. Y este deterioro a escala global también significa el deterioro masivo de una vida plena y satisfactoria para todos, ahora y para las próximas décadas”. Quien lanzó esta aseveración incisiva y preocupante es Sandra Díaz, una científica argentina que copresidió la Evaluación Global de la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES, por su sigla en inglés).

Los informes respecto de la catástrofe ambiental que acecha al planeta son cada vez más completos, frecuentes y contundentes. La gran mayoría de los estudios científicos advierten, no obstante, que la humanidad está a tiempo para adoptar las decisiones necesarias para lograr un planeta sustentable, con futuro ambiental. La competencia de estas decisiones de índole global le corresponde a los gobiernos de todas las naciones, particularmente las más poderosas, pero al mismo tiempo se pueden adoptar medidas concretas, a nivel de gobiernos locales, para atemperar el daño ambiental.

Uno de los problemas que tienen las ciudades -grandes, medianas y chicas- es la escasez de árboles. La presencia de ellos no sólo es una cuestión estética; hacen su aporte también a la regulación de la temperatura y proporcionan aire limpio y fresco, y por esa razón contribuyen a la salud física y mental de sus habitantes.

Desde esta perspectiva de análisis, una organización conservacionista, The Nature Conservancy, inició una campaña para que plantar árboles en buena cantidad, de manera planificada y adaptada a la región donde se encuentra la ciudad, sea incluido en los programas de financiación de la salud pública.

Tomando como base las ciudades de Estados Unidos, que no solo no incrementan el número de árboles sino que lo pierden de manera constante, la ONG calculó que con solo 8 dólares por persona al año, como promedio, se podría impedir la pérdida de árboles e iniciar un proceso de reforestación.

Los investigadores aseguran, además, que los barrios con menos árboles tienen peores resultados en la salud de sus residentes.
Los gobiernos de las ciudades tienen mucho para hacer en la materia. Cualquier proyecto estratégico de planificación urbana debe contemplar la presencia cada vez más importante de pulmones verdes. Pero además debe propiciar que los propios vecinos hagan su aporte forestando sus propiedades. Para lograrlo deben incrementarse las generalmente escasas campañas de concientización, pero también hay una tendencia a legislar al respecto. Existen ordenanzas que obligan a los vecinos a plantar árboles en las veredas de sus propiedades.

La magnitud de la amenaza que se cierne sobre el planeta obliga a un compromiso generalizado. La decisión global para evitar la tragedia la deben tomar un conjunto de gobiernos de los países líderes en el mundo, que hasta el momento han cumplido solo a medias los acuerdos internacionales, pero los gobiernos locales y todos los ciudadanos pueden, y deben, hacer su aporte.

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