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EL MIRADOR POLÍTICO

El radicalismo, en defensa propia

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26 de mayo de 2019 - 04:02 Por Redacción El Ancasti

La Convención nacional de la Unión Cívica Radical se reunirá mañana en un escenario político que fue modificado rápidamente por dos acontecimientos: la asunción de la función de armador de Alternativa Federal por parte del gobernador cordobés Juan Schiaretti, luego de su aplastante reelección, y el repliegue de Cristina Fernández de Kirchner hacia la candidatura de vicepresidente para encumbrar en la de Presidente a su ex jefe de Gabinete Alberto Fernández.
Ambos movimientos están orientados a capturar adhesiones en el electorado reticente a la grieta kirchnerismo/antikirchnerismo o macrismo/antimacrismo.
Los radicales advierten que Cambiemos, la alianza que integran, demora demasiado en diseñar una estrategia tendiente a insertarse en ese padrón. La discutirán en la Convención para proponerla con la fuerza de la legitimación partidaria al comando macrista.
El adelantamiento de Schiaretti a la conducción de Alternativa Federal luego de ratificar el volumen de su liderazgo en Córdoba era previsible. La “doble Fernández” de Cristina no tanto, pero en cualquier caso demostró la calidad de los reflejos políticos de la ex presidenta.
La figura de Alberto Fernández modera los rasgos más irritantes del kirchnerismo y es muy significativo que su consagración haya estado precedida por la visita de la ex presidenta a la sede del Partido Justicialista, institución por la que nunca expresó demasiado respeto.
Ataviada de leona herbívora, aceleró para disputarle a Alternativa Federal el voto antigrieta, con lo que consiguió al mismo tiempo opacar el estrellato de Schiaretti y que el juicio oral y público en el que está acusada junto a Julio De Vido, Lázaro Báez y otros miembros del panteón de la corrupción k perdiera protagonismo mediático.
La Casa Rosada no atinó a reaccionar frente a esta maniobra y sigue empantanada en la desgastada prédica de demonización. Lo que los socios radicales perciben es que tal estrategia no provocará en la figura de Cristina más perjuicios que los ya materializados. Hace falta otro libreto y no están seguros de que Macri sea el actor más adecuado para interpretarlo. Quizás se precisa una presentación más coral.

Liderazgo cuestionado
El presidente de la UCR, Alfredo Cornejo, gobernador de Mendoza, dejó trascender el borrador de un documento que someterá a la consideración de los convencionales, cuyos postulados fueron rechazados por el macrismo paladar negro.
Lógico: Cornejo no objeta la candidatura de Macri, que a su criterio debería resolverse eventualmente en las primarias, sino su liderazgo como jefe de Cambiemos. Es más grave.
Es una diferencia esencial respecto de la convención de Gualeguaychú de 2015. Entonces, la UCR debía definir si pactaban con Macri o con Sergio Massa. Lo que se proponen ahora es compartir el mando con Macri, una situación inédita en la corta vida de la coalición.
Macri nunca despertó fervores excesivos entre sus feligreses, pero la antipatía hacia él ha comenzado a extenderse afuera del kirchnerismo duro. Esa antipatía en expansión es la que altera al radicalismo, contaminado por ella en lo que es su clientela clásica: la clase media.
Nueve derrotas distritales de carácter humillante y la perspectiva de nuevas caídas de alto impacto obligan a recomponer la estrategia, plantean los radicales.
El problema central es la figura de Macri. Una “mochila de plomo”, según la metáfora empleada por el intendente de Ancasti, Rodolfo Santillán, quien anticipó que los jefes comunales del radicalismo están dispuestos a cortar la boleta nacional en caso de que la dinámica de Cambiemos no se reformule.
Su par de Andalgalá, Alejandro Páez, presidente de la UCR local, no había llegado 24 horas antes tan lejos, quizás limitado por amabilidades a las que lo obliga el protocolo partidario, pero el sentido de sus manifestaciones fue similar: considerar que es necesario “provincializar” la elecciones equivale a plantear el desprendimiento de la Casa Rosada.
El belicho Daniel “Telchi” Ríos opinó lo mismo.
Santillán, aparte, expresó una diferencia de peso con los representantes legislativos del FCS-Cambiemos al respaldar la reforma de la Constitución con la que el Gobierno provincial volvió a insistir.

La eutanasia
Estas manifestaciones catamarqueñas son el reflejo a escala de lo que les pasa a los radicales en todo el país.
El aliciente para permanecer dentro de Cambiemos aún con la caída en picada de la imagen de Macri era la posibilidad de retener, tal vez incrementar, espacios institucionales del radicalismo en el Congreso. El profundo retroceso del macrismo se traducía en el fortalecimiento de la UCR para reclamar candidaturas en el marco de la interna a expensas de las invenciones del PRO. Este afianzamiento intestino de los radicales se pronunció en la campaña electoral de Córdoba, en la que la otra socia de Cambiemos, Elisa Carrió, cumplió un papel lamentable en sus incursiones para apoyar a Mario Negri.
Vale decir: en medio de la catástrofe y el encadenamiento de derrotas, los radicales sentían que podían ganar más bancas para la UCR en el Congreso nacional a expensas de los otros dos miembros de la alianza, incluso si Macri perdía la reelección. Emigrar hacia otra alianza los obligaba a entrar en componendas con otros asociados para la repartija de casilleros en las boletas. El botín por desertar no era tan atractivo como el que ofrecía el quedarse a sostenerle los trapos a Macri.
Sin embargo, la gravedad del derrumbe oficialista es tal que hasta este módico consuelo de restauración facciosa en el naufragio está en peligro.
Como señalan los intendentes catamarqueños, seguir con Macri, en estas condiciones, incrementa el riesgo de la derrota en sus distritos a niveles casi suicidas.
Ninguno es partidario de la eutanasia. La advertencia es a los correligionarios que van a disputar cargos legislativos que asumirán cualquiera sea el resultado de las elecciones.

 

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