EDITORIAL

La necesidad de un frente común

jueves, 23 de mayo de 2019 · 04:01

No importa quién sea el presidente que asuma el 10 de diciembre, el principal problema que deberá enfrentar desde el punto de vista macroeconómico será el de la deuda pública, que desde 2016 a la fecha creció exponencialmente.

El tema fue central en el video con el que la expresidenta Cristina Kirchner anunció que el precandidato a presidente por su sector sería Alberto Fernández: “La deuda externa en dólares contraída en apenas tres años es más grande que la que Néstor recibió defaulteada. Eso sí, con un agravante, todavía. Casi el 40 por ciento es con el Fondo Monetario Internacional. El apabullante e innecesario endeudamiento del país empieza a mostrar en este presente los primeros síntomas de una realidad que será muy difícil de revertir”, dijo.

En realidad, todos los sectores que aspiran a gobernar la Argentina en el período 2019-2023 son conscientes de las restricciones que la colosal deuda implica para el funcionamiento del país, y saben que el principal desafío es enfrentar exitosamente ese escollo.

Desde el acuerdo con los fondos buitre, ocurrido apenas tres meses después de asumir la gestión de Cambiemos, el Gobierno nacional contrajo hasta la fecha alrededor de 188 mil millones de deuda. Los vencimientos de los próximos tres años suman casi 80.000 millones de dólares, según algunos economistas, pero superan los 100.000 millones para todo el período del próximo gobierno si además se suman las deudas en moneda local. Parecen imposibles de afrontar con la economía en estado comatoso, y aun si hubiese una recuperación moderada en los años que se avecinan.

Un problema adicional es que las posibilidades de refinanciación recurriendo a nuevo endeudamiento que permita afrontar el actual con plazos más razonables son escasas porque el mundo se ha cerrado al crédito, a diferencia de lo que sucedió durante los dos primeros años del gobierno de Mauricio Macri. El período 2016-2018 fue propicio para el acceso a crédito. Sin embargo, los miles de millones de dólares contraídos como deuda no incentivaron el desarrollo productivo nacional, y en un buen porcentaje se fugaron del país a través de la especulación financiera.

Uno de las estrategias que analizan los candidatos de la oposición, entre ellos el propio Fernández y su equipo económico, es negociar un plazo de espera, de modo que la economía argentina tenga un respiro para lograr crecer y recién luego cumplir con el pago de los intereses.

Lo cierto es que más allá del modo en que se encare la negociación con los acreedores, particularmente el Fondo Monetario Internacional, la envergadura del problema obliga a que todos los actores de la vida política y social participen de un ámbito oficial de debate. Mostrar un frente interno con objetivos comunes, más allá de las legítimas diferencias políticas e ideológicas, resulta indispensable para lograr una salida al atolladero en el que se encuentra la economía argentina.

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