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2 de mayo de 2019 - 04:10 Por Redacción El Ancasti

La política rastreó indicios sobre el futuro de la gobernadora Lucía Corpacci en el mensaje que dirigió ayer a la Asamblea Legislativa, el último de su segundo mandato. 
Los deseos del escucha orientaron las interpretaciones. Quienes pretenden que intente una tercera gestión creyeron descubrir en alguna frase o gesto aislado la pista de la continuidad. Para los que esperan que la mandataria abdique de la re-reelección en favor del intendente de la Capital Raúl Jalil, en cambio, el discurso tuvo entonación de despedida.
Pero la mandataria se abstuvo de marcar su rumbo, no solo porque anticiparlo podría provocar turbulencias superfluas, sino porque, más allá de sus deseos personales, la definición dependerá de cómo se configure la arena electoral.
Es incierta todavía, por ejemplo, la oferta de la oposición. 
Circulan nombres, algunos más probables que otros, pero no hay nada seguro. Resulta evidente sin embargo que el FCS-Cambiemos avanza en la sutura de sus heridas internas y puede considerarse confirmado que concentrará su mayor esfuerzo en capturar el sillón que deja Jalil. 
¿Por qué habría de revelar Corpacci su jugada antes de contar con más elementos que le permitan evaluar el grado de competitividad de sus adversarios?
Llegado el momento encuestará, y en función de lo que indique tal encuesta asumirá la decisión. Si en efecto su intención es retirarse, quien la suplante tiene que garantizar un triunfo. No es tan sencillo como podría suponerse, pues no solo se trata del candidato a Gobernador.


El primer elemento a tener en cuenta es que en esta elección Raúl Jalil no puede ir por la Intendencia capitalina, de modo que el oficialismo tiene que aproximarse a una dupla candidato a gobernador-candidato a intendente que traccione de modo similar a la de Corpacci-Jalil en San Fernando del Valle, distrito históricamente difícil para el peronismo. Hay varios precandidatos rodando, pero sus chances habrán de confrontarse con las de quien ponga en la cancha el FCS-Cambiemos en el distrito, que además renueva la banca de senador.
Otra modificación respecto de lo que viene pasando desde 2011 es que casi con seguridad Eduardo Brizuela del Moral no será candidato a la Gobernación. No es dato menor: ha sido el postulante principal invariable del FCS-Cambiemos, invariablemente derrotado, en todos los comicios del período Corpacci. El impacto en la dinámica política local de su salida de escena es incógnita a despejar.
Está además el escenario nacional, de características particularmente volátiles.
Entiéndase bien: que gane el Gobierno sigue pareciendo lo más probable, tanto porque cuenta con las figuras mejor posicionadas en las encuestas como por el mero hecho de ser oficialismo, pero acontecimientos recientes marcaron a la Gobernadora y sus aliados la inconveniencia del triunfalismo excesivo.
El traspié del tarifazo de energía, sin ir tan lejos, en el que la oposición consiguió correr de la línea de fuego a la Casa Rosada y colocar como blanco de la indignación popular a la EC SAPEM, hazaña confirmada por la propia reacción del Gobierno, obligado a diseñar medidas mitigantes de apuro y a enfatizar la cuestión de las responsabilidades nacionales en el mensaje de Corpacci. El bolsillo, decía Perón, es la víscera más sensible.


Las alianzas para participar de las PASO deben presentarse el 12 de junio y los candidatos el 22. Corpacci se maneja con esos tiempos para reducir al mínimo el margen de error, porque hay otro hecho que puede darse por seguro: vaya ella, Jalil o quien sea, no está dispuesta a repetir la historia de Brizuela del Moral y ponerle en diciembre la banda gubernamental a un oponente.
En política, solo los insensatos toman riesgos innecesarios. 

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