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CARA Y CRUZ

El otro cruce

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17 de mayo de 2019 - 04:10 Por Redacción El Ancasti

En la última sesión de la Cámara de Diputados de la Nación, Gustavo Saadi reprochó a su par Elisa Carrió las declaraciones en las que involucró a Catamarca en el encubrimiento de rutas del narcotráfico. Fue un cruce más discreto que el que la logorreica líder de la Coalición Cívica protagonizó poco después con el jefe del bloque del PRO, Nicolás Massot, pero igualmente tenso.
La intención de Saadi era plantear una cuestión de privilegio, pero la oportunidad para hacerlo pasó sin que Carrió, que se sienta a su lado en el recinto, se presentara. Llegó recién para el tratamiento de la ley de financiamiento de los partidos políticos, para oponerse a la legalización de los aportes empresarios.


Saadi ignoró el saludo de la legisladora. Cuando ésta le preguntó el motivo de su fastidio –se llevan por lo general muy bien-, le contestó que era una mentirosa. 

“Yo no miento”, retrucó Carrió. “Mentís siempre; el 90% de lo que decís es mentira”, contraatacó Saadi antes de descargarle sus recriminaciones, para sorpresa de los pocos diputados que presenciaban la escena.

El catamarqueño no solo desacreditó la versión de que Catamarca ampare o haya amparado a narcotraficantes. Enfatizó que su familia nunca tuvo nada que ver con el negocio de la ponzoña. 
La señaló a Carrió que, si como dijo durante la campaña de Córdoba, la ruta narco que entra a esa provincia por Cruz del Eje se hubiera afianzado durante el gobierno de los Saadi, el propio diputado nacional Mario Negri -“tu candidato”, le enrostró- sería necesariamente cómplice. 

Negri, cabeza del bloque de la UCR y frustrado aspirante a gobernador, fue vicegobernador de Eduardo César Angeloz en Córdoba entre 1987 y 1991, precisamente la última gestión de Ramón Saadi en Catamarca, truncada por la intervención federal que sucedió al asesinato de María Soledad Morales.


Que la coincidencia no fuera advertida por Carrió demuestra la irresponsabilidad con que suelta la lengua. 
¿Cómo podría haber desconocido Negri, segunda autoridad de la provincia mediterránea, la existencia de esa ruta narco? 
La posibilidades no son muchas: o estaba de adorno, o era cómplice, o estaba en babia, situación ésta última bastante improbable tratándose de un político tan experimentado. 

La diputada Carrió podría haberlo consultado antes de disparar acusaciones, chequear versiones con él ya que lo reivindica como un destilado de decencia. 

Se entiende mejor por qué Negri la codeaba desesperado para que se callara. 
No era solo pudor por lo lamentable del espectáculo: el candidato era consciente de que las manifestaciones de su madrina podían incriminarlo con el narcotráfico si algún rival se decidía a consignar lo que Saadi marcó.

Por fortuna, no todo el mundo es Carrió. O quizás obró en el espíritu de los peronistas cordobeses un sentimiento de misericordia. La elección estaba ganada y no era necesario someter a Negri a tormentos adicionales. Suficiente carga tenía el pobre con su escudera. Podían darse el lujo del “fair play” político.

La jefa de la Coalición Cívica, faro moral de la República, solo atinó a balbucear disculpas ante los argumentos de Saadi.
De algo parece haberle servido la charla, no obstante. Quizás haya reflexionado sobre lo inconveniente de andar acusando sin sustento. 

Tras la sesión se enredó con Massot en un pasillo del Congreso, pero no le imputó ningún delito. Prudente, se limitó a decirle que lo consideraba un “hijo de puta”, conducta que carece de tipificación en el Código Penal.
 

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