Cara y Cruz

El negocio de los sellos

El Ministerio del Interior, Obras Públicas y Viviendas de la Nación distribuyó las...
martes, 14 de mayo de 2019 · 04:20

El Ministerio del Interior, Obras Públicas y Viviendas de la Nación distribuyó las partidas del Fondo Partidario Permanente de acuerdo a los resultados de las elecciones de 2017, casi 175 millones de pesos de los que 2 millones y pico le tocaron a 32 agrupaciones de Catamarca, descontadas deudas y multas. 
El Partido Justicialista y la Unión Cívica Radical se alzaron con las tajadas más importantes: 395.690 y 244.965 pesos respectivamente, seguidos por el PRO ($124.372) y el Partido Obrero ($107.144).
Lo que llama la atención es la gran cantidad de partidos que había sabido haber en la provincia. A muchos de ellos se los conoce tan solo por aparecer en esta lista de los aportes del Fondo Partidario Permanente. Del trabajo y el Pueblo, Dignidad Popular, Encuentro por la Democracia y la Equidad, Movimiento Izquierda Juventud Dignidad, Nuevo Espacio de Opinión, Unite Por la Libertad y la Dignidad, son algunas de las siglas que se destacan por lo ignoto en la nómina de la repartija.


Para poder inscribirse en la Justicia Federal y tener derecho a participar de elecciones y percibir el fondo, un partido debe contra como mínimo con 1.242 afiliados. La gran mayoría de las fuerzas que ligaron en esta oportunidad integraron alguna de las tres principales alianzas que compitieron en los comicios de 2017. 
El Partido Obrero se presentó solo y le fue muy bien. Quedó a unos pocos de votos de meter un diputado por primera vez y le tocaron más de $100 mil del Fondo Partidario. Renacer Político y Social y Unir también fueron con listas en solitario pero no tuvieron tanta suerte: pocos votos y $55.000 y $44.000, respectivamente.
El 20% de los recursos del Fondo Partidario Permanente, que en teoría los beneficiarios deben destinar a su “desenvolvimiento institucional”, se reparte en partes iguales entre todos los partidos reconocidos que hayan obtenido un porcentaje igual o mayor al 1% de los votos en las últimas elecciones. El 80% restante, en forma proporcional a la cantidad de votos logrados por cada uno.


La cuota es bianual, poco significativa en términos económicos, pero parece en muchos casos superflua para partidos de cuyo “desenvolvimiento institucional” hay escasas constancias, al menos públicas. No está claro tampoco cómo se hace el control del “desenvolvimiento institucional” que justifica los desembolsos. Se sabe, en cambio, que la mayoría de las 32 facciones cumplen con los trámites formales de renovación de autoridades y otras yerbas, sencillos cuando no hay un volumen de afiliados significativo del que pueda surgir alguien con objeciones a los procedimientos.
En realidad, el de los aportes del Estado es el negocio menor de los sellos. Como es dudoso que la mayoría de ellos consiga el 1% de los votos emitidos de jugar en elecciones solos, puede interpretarse que la tajada es una especie de pago que las fuerzas más grandes les hacen a cambio de que les nutran las alianzas. Adicional, en rigor: por lo general tales favores se pagan con puestos en alguno de los enclaves del Estado y facilitación de trámites.

Los premios más gordos se obtienen cuando dirigentes con pretensiones carecen de sello y empiezan a buscar quien les haga el favor de suministrarles los canales legales para participar. No es extraño que se metan así en berenjenales importantes.
Le pasó precisamente en las elecciones de 2017 a la alianza que conformaron la Renovación Peronista y el sector del senador nacional Dalmacio Mera, cuando a último momento el gastronómico Luis Barrionuevo y su partido Tercera Posición pactaron con el Gobierno junto con el partido Unión Popular. Con sellerío insuficiente y sin el financiamiento del sindicalista quedaron fuera de la cancha, denunciando proscripción.n

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