EDITORIAL

El costo electoral a pagar

domingo, 12 de mayo de 2019 · 04:03

El Plan Belgrano pasó de ser el más formidable proyecto de desarrollo para el norte argentino de la historia, en 2015, al más formidable proyecto de desarrollo enunciado para el norte argentino en la actualidad. El agregado del vocablo “enunciado” grafica la enorme distancia que existe entre el discurso y la realidad.

Es que el mencionado plan fue -a esta altura ya resulta sumamente claro- una estrategia de marketing pensada entre las PASO de 2015 y las generales de octubre de ese año para seducir al electorado de las provincias del NOA y NEA. De hecho, cumplió su objetivo: la cantidad de votos a Cambiemos se incrementó notablemente entre ambos comicios.

Más de tres años después de la puesta en marcha del plan, que preveía la inversión de 16.000 millones de dólares en diez años, el norte argentino continúa siendo una macro región discriminada por las políticas públicas nacionales. Las carencias que han sido un obstáculo histórico siguen estando, las grandes obras anunciadas no se han concretado y el deterioro social y productivo de nuestras provincias ha sido muy marcado en estos años.

El grueso de las obras de infraestructura pública se ha direccionado en estos años hacia la ciudad y provincia de Buenos Aires, distritos gobernados por el oficialismo nacional y en donde se concentra el tercio de los votantes de la Argentina. Por ejemplo: solo la obra del soterramiento del ferrocarril Sarmiento tiene un presupuesto de 3.000 millones de dólares. Es decir, una sola obra a ejecutar en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires implica una quinta parte del presupuesto que la Nación pensaba destinarle en una década a diez provincias del norte.

Además del escaso interés del Gobierno nacional, otro de los problemas que tiene el Plan Belgrano es que no es un plan de infraestructura, lo que dificulta medir su impacto. Se considera como parte del Plan a todo peso que el Gobierno nacional destina a las provincias del norte, no importa si es para la construcción de una represa hidroeléctrica, la adquisición de un patrullero o la compra de un bolsón de desarrollo social.

De esa manera, los 16.000 millones de dólares se diluyen, y representan una cifra exigua. Pero, además, la ejecución actual de ese presupuesto es muy inferior a la proyección con horizonte a una década.

Así como el enunciado del Plan Belgrano tuvo un efecto positivo desde el punto de vista electoral, es probable que su fracaso impacte negativamente en las pretensiones del oficialismo nacional en los comicios de este año. Dos encuestas conocidas en los últimos días respecto de las elecciones provinciales que se llevarán a cabo en Tucumán, una de las más importantes de la región y de donde es oriundo el primer titular del Plan, José Cano, le adjudica a Cambiemos una intención de voto menor al 20 por ciento y al presidente Mauricio Macri una imagen negativa del 80 por ciento.

Tal vez ése sea el costo que se deba pagar cuando se enuncian promesas con propósitos meramente electoralistas, y que por esa misma razón luego no se plasman en la realidad.

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